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martes, 31 de enero de 2017

Mormones y la Santa Cena


Para un Santo de los Últimos Días la reunión dominical más importante es la Reunión Sacramental, y como su nombre indica, es aquella en que todos nos reunimos para participar del Sacramento de la Santa Cena en recuerdo de la Expiación de nuestro Señor Jesucristo.

Todo lo demás, siendo importante, gira en torno a esta sagrada ordenanza, que es la más importante que realizamos cada día de reposo en los Centros de Reuniones de la Iglesia.

Y ello es porque lo más importante para nosotros es Jesucristo y sobre todo, recordar su Expiación redentora, que realizó al entregar su vida por toda la humanidad.

Por ello y desde la antigüedad, la Santa Cena es una ordenanza sagrada a la que debemos especial atención, pues es básica para la fe y fortaleza espiritual del cristiano.

Veamos pues, sus orígenes.


Lucas 22

19 Entonces tomó el pan, y habiendo dado gracias, lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí.
 20 Asimismo, tomó también la copa, después que hubo cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo convenio en mi sangre, que por vosotros se derrama.
Cómo vemos, Cristo nos dio el ejemplo y mandamiento de tomar los emblemas o símbolos de su cuerpo y sangre para que los recordásemos siempre y llevásemos a nuestro Salvador en el corazón cada día de nuestra vida.

Posteriormente, los Apóstoles siguieron con la práctica de dicha ordenanza, realizándola cada domingo, día de reposo, para recordarlos y reunidos en aprender de la Palabra de Dios.

Hechos 20
Y el primer día de la semana, reunidos los discípulos para partir el pan, Pablo les enseñaba, habiendo de partir al día siguiente; y alargó el discurso hasta la medianoche.
Más aún, Pablo lo recuerda en muchas de sus cartas a las congregaciones cristianas por todo el mundo.
1 Corintios 11
26 Porque todas las veces que comáis este pan, y bebáis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga.
 27 De manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor.
 28 Por tanto, examínese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa.

En esta ocasión, Pablo nos recuerda la importancia de participar de la Santa Cena como testimonio de recuerdo y memoria de la Expiación de Cristo y añade un hecho muy importante, y es que debemos hacerlo dignamente, es decir, es un ordenanza sagrada y como tal, necesitamos prepararnos y esforzarnos por recibirla con dignidad y solemnidad.

Ello nos ayuda en la vida a ser mejores cristianos, a llevar su nombre y represantarlo dignamente, así como a estar unidos a El y recordar los altos valores morales que nos enseñó y que siempre nos invitó a vivir y enseñar.









Igual sucedió tras la restauración del Evangelio, una de las primeras instrucciones del Salvador a sus discípulos fue que participasen regularmente de la Santa Cena. (D. y C. 20), también lo habían aprendido en la Biblia, así como también lo aprendieron del Libro de Mormón (Moroni, 4 y 5).

Lo que puede resultar curioso para una persona que asiste a la Iglesia de Jesucristo por primera vez es observar que tomamos agua en lugar de vino, la respuesta es sencilla.

El agua o el vino, tal como el pan, son símbolos de la sangre y el cuerpo de Cristo, nada más y nada menos, pero no hay una trasmisión mágica de nada, solo son símbolos consagrados por la oración sacramental, pronunciada por los poseedores de la Autoridad del Sacerdocio.

Es por ello que en una ocasión en que  los primeros Santos no pudieron hallar vino para el Sacramento, el Señor dio la siguiente revelación y desde entonces se usa el agua.


Doctrina y Convenios 27

 Escucha la voz de Jesucristo, tu Señor, tu Dios y tu Redentor, cuya palabra es viva y poderosa.
 Porque he aquí, te digo que no importa lo que comáis o bebáis al tomar el sacramento, si es que lo hacéis con la mira puesta únicamente en mi gloria, recordando ante el Padre mi cuerpo que fue sacrificado por vosotros, y mi sangre que se derramó para la remisión de vuestros pecados.
 Por tanto, os doy el mandamiento de no comprar vino, ni bebidas alcohólicas a vuestros enemigos;
 de modo que, no beberéis de ninguno, a menos que sea recién hecho por vosotros; sí, en este reino de mi Padre que se edificará sobre la tierra.
Cómo también he mencionado, otro factor importante para poder participar de la verdadera Santa Cena es la Autoridad, si no se posee el Sacerdocio Restaurado en estos últimos días, el pan seguirá siendo pan, por lo que se necesitan poseedores verdaderos del Sacerdocio para realizar la ordenanza correctamente.
Moroni 4
La forma en que sus élderes  y presbíteros administraban la carne y la sangre de Cristo a la iglesia; y las administraban de acuerdo con los mandamientos de Cristo; por tanto, sabemos que la manera es correcta; y el élder o el presbítero las administraba.
 Y se arrodillaban con la iglesia, y oraban al Padre en el nombre de Cristo, diciendo:
 Oh Dios, Padre Eterno, en el nombre de Jesucristo, tu Hijo, te pedimos que bendigas y santifiques este pan para las almas de todos los que participen de él, para que lo coman en memoria del cuerpo de tu Hijo, y testifiquen ante ti, oh Dios, Padre Eterno, que están dispuestos a tomar sobre sí el nombre de tu Hijo, y a recordarle siempre, y a guardar sus mandamientos que él les ha dado, para que siempre puedan tener su Espíritu consigo. Amén.

De manera que podemos resumir varios principios que remarcan la importancia de la Santa Cena.

La tomamos en su memoria, en su honor, para recordar su Sacrificio.

Lo hacemos con el propósito de dar testimonio que le creemos y seguimos que es nuestro Salvador personal y centro de nuestra adoración.

Tomamos su nombre para intentar ser más dignos y merecedores de llevar su nombre y poder algún día estar en su Presencia Eterna.

Le recordarmos siempre para saber el modelo de vida que debemos vivir.

El a cambio, nos promete su Espíritu y su guía.





Pero aún hay algo más importante, que es lo que me  ha motivado a escribir el presente artículo y es la clave para entender todo lo anterior, y que está bien explicado por el propio Señor cuando estaba en Capernaum, aun tiempo antes de instituir dicha ordenanza en la Última Cena.



Juan 6
50 Éste es el pan que desciende del cielo, para que el que de él coma no muera.
 51 Yo soy el pan vivo que ha descendido del cielo; si alguno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo.
 52 Entonces los judíos contendían entre sí, diciendo: ¿Cómo puede este darnos a comer su carne?
 53 Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre ni bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.
 54 El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo le resucitaré en el día postrero.
 55 Porque mi carne verdaderamente es comida, y mi sangre verdaderamente es bebida.
 56 El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él.
 57 Así como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo, el que me come también vivirá por mí.

La Santa cena da vida. Cristo es Dios y nos da vida. Para poder vivir eternamente en la Gloria, debemos estar 'revestidos' o 'alimentados' por la Expiación de Cristo y por ello es tan fundamental participar correcta y regularmente de los Emblemas de Cristo.

Esa es la clave y deberíamos reflexionar en ello y la importancia que tiene para nosotros. Así nos acercamos a Cristo y vivimos y viviremos por El.





Finalmente me quiero dirigir a tres grupos de personas, para que reflexionen en lo anterior.

1º.- Al cristiano individual que cree que no necesita una Iglesia para estar con Cristo o que cualquiera le vale, piense en lo que está perdiendo al no poder participar de los verdaderos emblemas de Cristo y del poder de su Redención.

2º.- Al cristiano de otra Iglesia, piense en cómo se administra su Sacramento y recuerde la importancia de la forma, propósito y la Autoridad del Sacerdocio para recibir la Santa Cena.

3º.- Al SUD que no asiste a la Iglesia y cree que no se pierde mucho, recuerde que cada domingo puede acercarse más a Cristo y 'celestializarse' por medio de la ordenanza de la Santa Cena.






Por si alguien desea más información, esto es lo que nos enseña la página oficial de la Iglesia sobre la Santa Cena, véase  www.lds.org

Santa Cena

La noche antes de Su crucifixión, Jesucristo se reunió con Sus Apóstoles e instituyó la Santa Cena (véase Lucas 22:19–20). Después de Su resurrección, Él instituyó la Santa Cena entre los nefitas (véase 3 Nefi 18:1–11). En la actualidad, la Santa Cena es una ordenanza en la que los miembros de la Iglesia participan del pan y del agua en memoria del sacrificio expiatorio de Jesucristo. Esta ordenanza es una parte esencial de la adoración y del progreso espiritual. Por medio de ella, los miembros de la Iglesia renuevan los convenios que hicieron con Dios al bautizarse.

Información adicional

Cuando instituyó la Santa Cena, Jesucristo dijo: “Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí. . . . Esta copa es el nuevo convenio en mi sangre, que por vosotros se derrama” (Lucas 22:19–20). La Santa Cena ofrece a los miembros de la Iglesia la oportunidad de meditar y recordar con gratitud la vida, el ministerio y la expiación del Hijo de Dios. El pan partido es un recordatorio de Su cuerpo y Su sufrimiento físico, en particular Su sufrimiento en la cruz. Es también un recordatorio de que por medio de Su misericordia y gracia, todas las personas resucitarán y tendrán la oportunidad de vivir eternamente con Dios.
El agua es un recordatorio de que el Salvador derramó Su sangre debido a un intenso sufrimiento y angustia espirituales que comenzaron en el Jardín de Getsemaní y concluyeron en la cruz. En el jardín, Él dijo: “Mi alma está muy triste, hasta la muerte” (Mateo 26:38). Al someterse a la voluntad del Padre, Él sufrió más de lo que nos es posible comprender: “La sangre le [brotó] de cada poro, tan grande [fue] su angustia por la iniquidad y abominaciones de su pueblo” (Mosíah 3:7). Él sufrió por los pecados, los pesares y los dolores de todas las personas, para hacer posible la remisión de los pecados de los que se arrepientan y vivan el Evangelio (2 Nefi 9:21–23). Por medio del derramamiento de Su sangre, Jesucristo salvó a toda la gente de lo que las Escrituras llaman la “transgresión original” de Adán (Moisés 6:54).
El participar de la Santa Cena es un testimonio ante Dios de que el recuerdo de Su Hijo se extenderá más allá del corto tiempo que dura esa sagrada ordenanza. El prometer recordarle siempre y testificar estar dispuesto a tomar sobre uno mismo el nombre de Jesucristo y guardar Sus mandamientos forman parte de esta ordenanza. Al participar de la Santa Cena y hacer estos compromisos, los miembros de la Iglesia renuevan los convenios que hicieron al bautizarse (véase Mosíah 18:8–10; D. y C. 20:37).
A cambio, el Señor renueva la promesa de redimir los pecados y permitir que los miembros de la Iglesia “siempre puedan tener su Espíritu consigo“ (D. y C. 20:77). La compañía constante del Espíritu es uno de los mayores dones de la vida terrenal.

martes, 24 de enero de 2017

Mormones, Salvación y Condenación.


Hace poco se publicó un artículo muy interesante sobre los Grados de Gloria y la Visión de los mismos, que me resulta maravilloso, por lo sencillo y bien explicado que está.

Solo quiero indicar un par de cosas al respecto.

Como ya indiqué en artículos anteriores, los Santos de los Últimos Días no creemos en el infierno tal como el resto de cristianos, por lo menos no exactamente. Solo creemos en él de manera temporal y como un estado mental, por lo que esta magnífica Visión nos da idea de lo que el Padre Celestial tiene preparado para todos sus hijos e hijas.

http://mormondefender4biblia.blogspot.com.es/2016/06/mormones-e-infierno.html

Aquí podemos ver tres grados de gloria, indicando que el menor de ellos, el telestial, sobrepuja en gloria el propio estado de la Tierra actualmente, lo que indica el enorme amor que Dios tiene hacia todos sus hijos, incluso los más rebeldes y malvados, en reservarles un reino de gloria similar a esta hermosa Tierra.

El segundo grado, el terrestre, es similar a la Tierra en su estado paradisiaco, es decir, el Paraíso original y el tercer grado, el celestial, ya resulta inimaginable, puesto que es la morada de Dios y destaca en gloria como el Sol de la Luna, por ello se comparan estos reinos a la Gloria del Sol, de la Luna y de las estrellas, en relación a su brillo y gloria.


Otra cosa que quisiera aclarar es que se escucha decir que aunque pintamos una escena muy hermosa, nos reservamos la gloria celestial solo para los 'mormones'.  Eso no es cierto, la doctrina es clara, los herederos del Reino Celestial son aquellos que aceptan a Cristo y viven su Evangelio, pero como en muchas ocasiones, pueblos y generaciones enteros vivieron sin ni siquiera oir de Cristo, por lo que el Señor les dará la oportunidad de escuchar y aceptar o rechazar el Evangelio, es lo que las Escrituras definen como naciones paganas.

Y como vemos en la revelación moderna, la Expiación de Cristo les incluye en su redención y salvación.

Doctrina y Convenios 45

 54 Y entonces serán redimidas las naciones paganas, y los que no conocieron ninguna ley tendrán parte en la primera resurrección; y les será tolerable.

Más aún, cada uno será juzgado y premiado conforme a su vida acorde con el conocimiento que haya tenido y la forma en que se comportó, pudiendo salvarse en el Reino Celestial cualquiera, y sobre todo, una promesa para todos los que han perdido un hijo en su niñez, los niños son salvos y herederos del Reino Celestial.

Doctrina y Convenios 137

Por lo que, me habló la voz del Señor, diciendo: Todos los que han muerto sin el conocimiento de este evangelio, quienes lo habrían recibido si se les hubiese permitido permanecer, serán herederos del reino celestial de Dios;
 también todos aquellos que de aquí en adelante mueran sin un conocimiento de él, quienes lo habrían recibido de todo corazón, serán herederos de este reino;
 pues yo, el Señor, juzgaré a todos los hombres según sus obras, según el deseo de sus corazones.
 10 Y también vi que todos los niños que mueren antes de llegar a la edad de responsabilidad se salvan en el reino celestial de los cielos.


Les dejo con el artículo y espero que lo disfruten.


Lo que sabemos sobre los grados de gloria de las visiones de José Smith




En este extracto de precepto por precepto,  Robert L. Millet explora la experiencia del profeta José Smith, junto con su escriba Sidney Rigdon, ya que recibieron una de las revelaciones más notables de Dios, la visión de los grados de gloria.

VISIÓN DE LAS GLORIAS

En un sentido, la visión de las glorias consta de seis visiones, cada una de las cuales vamos a considerar brevemente.

Vision I: La gloria del Hijo

La primera visión de expuso brevemente el escenario para lo que sigue colocando las cosas en perspectiva con respecto a la obra de la redención y la salvación, a saber, que la salvación está en Cristo y llega a través del derramamiento de su propia sangre y su glorioso lugar a novedad de vida en Resurrección. Así, los traductores vieron en visión "la gloria del Hijo, a la diestra del Padre, y se reciben de su plenitud; y vio a los ángeles santos, ya los que son santificados delante de su trono, adorando a Dios y el Cordero, y lo adoran para siempre jamás "(D. y C. 76: 20-21). Del mismo modo, Juan el revelador había registrado en relación con el Redentor, "diez mil veces diez mil, y de los ancianos; diciendo a gran voz: Digno es el Cordero degollado de recibir el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza "(Apocalipsis 5: 11-12).
El Profeta y su escriba dieron testimonio del Redentor en un lenguaje de gran alcance: "Y ahora, después de los muchos testimonios que se han dado de él, éste es el testimonio, el último de todos, que nosotros damos de él: ¡Que vive! Porque lo vimos, incluso a la diestra de Dios; y oímos  la voz que él es el Unigénito del Padre, -que por él, y por él, y de él los mundos son y fueron creados, y sus habitantes son engendrados hijos e hijas para Dios "(D. y C. 76: 22-24). En verdad, el testimonio de Jesús es el espíritu de profecía (Apocalipsis 19:10), y todos los santos profetas, desde el principio, han dado testimonio de Aquel que llama y los envió (Hechos 10:43; Jacob 4: 4; 7 : 11; Mosíah 13:33).
Además, Sidney y de José fueron testigos de una doctrina significativa. Por un lado, su testimonio afirma la carga de la escritura-que Jehová, que es Cristo, fue y es el creador de mundos sin número (Moisés 1:33; 7:30; Efesios 3: 9; Hebreos 1: 1-2) . Se confirma también la naturaleza infinita y eterna de la Expiación. Pese a todo nuestro Señor y Maestro crea, redime. Es decir, su trabajo de redención van más allá de los límites de nuestra tierra (Moisés 1: 32-35). 
O, como un apóstol después, el presidente Russell M. Nelson, señaló, "merced a la Expiación se extiende no sólo a un número infinito de personas, sino también a un número infinito de mundos creados por Él."

Vision II: La Caída de Lucifer

El profeta José y su escriba recibieron una afirmación de un elemento vital del plan de salvación, la naturaleza de la oposición a través de Satanás y las influencias satánicas. Lucifer descrita en la visión como uno "que tenía autoridad en la presencia de Dios" (D. y C. 76:25), que se rebelaron contra el Padre y el Hijo en el consejo pre-mortal en el cielo, por lo que se conocía como la perdición, que significa "la ruina "o" destrucción ". Como era de hecho un hijo espiritual de Dios", un hijo de la mañana "(D. y C. 76:26), los cielos lloraron por su deserción. Codiciaba el trono del Padre, y propuso salvar a todos los hijos e hijas de Dios de una manera contraria al plan del Padre (Moisés 4: 1-4). "La contención en el cielo  dijo que habría ciertas almas que no se salvaríany el diablo dijo que podría salvarlos a todos, y presentó sus planes ante el gran consejo, que dieron su voto a favor de Jesucristo. . Así que el diablo se rebeló contra Dios y fue echado por tierra, con todos los que ponen sus cabezas para él "Lucifer se convirtió de esta manera un enemigo de Dios y de toda rectitud:" Por tanto, les hace la guerra contra los santos de Dios, y rodea por todos lados "(D. y C. 76:29).


Visión III: los hijos de perdición

José y Sidney se les permitió ver los que reciben la luz y la verdad y las revelaciones del cielo y que luego elegen con conocimiento de negar la luz y desafiar a Dios y su obra. Estos son los hijos de perdición, "vasos de ira, condenados a sufrir la ira de Dios, con el diablo y sus ángeles en la eternidad" (D. y C. 76:33). En verdad, "es imposible que los que una vez fueron iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero, si y recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento "(Hebreos 6: 4-6; compare 10: 26-29).

"¿Qué debe hacer un hombre para cometer el pecado imperdonable?", Preguntó José el Vidente en el sermón de King Follett. "Debe haber recibido el Espíritu Santo, que los cielos se abrieron a él, y conocer a Dios, y luego el pecado contra Él. Después de que un hombre ha pecado contra el Espíritu Santo, no hay arrepentimiento para él. Se ha llegado a decir que el sol no brilla, cuando él lo ve; que tiene que negar a Jesucristo cuando los cielos se han abierto a él, y para negar el plan de salvación con los ojos abiertos a la verdad de ella; y a partir de ese momento empieza a ser un enemigo. No se puede guardar esas personas; no se puede llevar al arrepentimiento; que hacen la guerra abierta, como el diablo, y la consecuencia es horrible. "

Todos los hijos e hijas de Adán y Eva se levantará de la tumba en la resurrección, incluyendo hijos de perdición (D & C 88:32). Los hijos de perdición son culpables del pecado imperdonable (Alma 39: 6), un pecado no cubierta por la expiación de Cristo, un pecado por el cual será hecho corregir los errores ninguna cantidad de sufrimiento personal. No hay perdón para ellos, ni aquí ni allá, porque, "habiendo negado al Espíritu Santo después de haberlo recibido, y habiendo negado al Unigénito del Padre, crucificándolo para sí mismos y exponiéndolo a vituperio" ( D y C 76: 34-35), que son culpables de derramamiento de sangre inocente, es decir, la sangre inocente de Cristo. "La blasfemia contra el Espíritu Santo," una revelación más adelante da fe, "que no será perdonada en el mundo ni fuera del mundo, está en cometer homicidio en el que se vierta sangre inocente, y asentir a mi muerte después tienen recibido mi nuevo y sempiterno convenio, dice el Señor Dios "(D. y C. 132: 27; énfasis añadido). Los hijos de perdición son los únicos que estarán sujetos a la segunda muerte espiritual, la expulsión final de la presencia de Dios. Ellos, después de haber sido resucitado y de pie ante Dios para ser juzgada (2 Nefi 9:15), serán consignados a un reino de ninguna gloria.
En medio de esta escena sombría el Señor ofrece una de las más bellas definiciones del Evangelio de Jesucristo: la "buena nueva" que "entró en el mundo, a Jesús, para ser crucificado por el mundo, y para soportar la pecados del mundo, y para santificar el mundo, y limpiarlo de toda maldad; que a través de él todo sea salvo que el Padre había puesto en su poder y había hecho por él; que glorifica al Padre y salva todas las obras de sus manos, con excepción de aquellos hijos de perdición que niegan al Hijo después que el Padre se les ha revelado "(D & C 76: 40-43).
Esta tercera visión termina con un recordatorio aleccionador de que los datos de la suerte de los hijos de perdición no se han revelado (D & C 76: 45-48). 

Visión IV: La Gloria Celestial

El Profeta y Sidney siguiendo para aprender sobre lo contrario: Su atención se desplazó de los que serán herederos sin gloria a los que heredan el más alto Reino de Gloria. Vieron las glorias del reino celestial  y proporcionan descripciones generales de los que habitan en el mismo. Ellos fueron testigos de los habitantes de la "resurrección de los justos" (D. y C. 76:50), lo que llamamos la primera resurrección (Mosíah 15: 21-25), la resurrección de personas celestes y terrestres. personas celestes son los que reciben el testimonio de Jesús y aceptar los términos y condiciones del convenio del Evangelio. Ellos son "bautizados según la manera de su sepultura" y recibir el don del Espíritu Santo, por lo tanto llegar a ser "limpiados de todos sus pecados" (D. y C. 76: 51-52).
Las personas que heredan una gloria celestial son los que "vencen por la fe" (D. y C. 76:53), que han aprendido a "resistir toda tentación del diablo, con su fe en el Señor Jesucristo" (Alma 37:33). Superan el mundo en renunciar a lo mundano y atracciones carnales y se entregan al Señor y su obra. Estos son "sellados por el Espíritu Santo de la promesa, que el Padre derrama sobre todos los que son justos y fieles" (D. y C. 76:53). El Espíritu Santo de la promesa es el Espíritu Santo, el Espíritu Santo prometido a los Santos. Debido a que "el Consolador sabe todas las cosas" (D y C 42:17; Moisés 6:61), el Espíritu Santo es capaz de buscar las almas de las personas y para determinar el grado en que realmente han dado el corazón a Dios, el grado de que son "justo y verdadero" (D. y C. 76:53). Así, para ser sellados por el Espíritu Santo de la promesa es tener la aprobación ratificador del Espíritu Santo sobre nuestras vidas y sobre las ordenanzas y los convenios en la que hemos entrado. Es que han pasado las pruebas de la mortalidad, que se ha calificado para la gloria celestial aquí en adelante. El relato sigue:

Para superar estos, por su fe y sus obras, siendo juzgado en su tiempo de vida, ya que purifica el oro, Y sellados por el espíritu de la promesa, a la vida, por los hombres llamados de Dios, como lo fue Aarón de edad.
los hombres y las mujeres son celestes "la Iglesia del Primogénito" (D. y C. 76:54). La Iglesia del Primogénito se compone de los Santos de los fieles que han demostrado ser verdadera y fiel a sus convenios. A medida que el convenio del bautismo es la puerta a la pertenencia a la Iglesia de Jesucristo en la tierra, por lo que el convenio del matrimonio celestial abre la puerta a la pertenencia a la Iglesia celeste. La Iglesia del Primogénito es la Iglesia más allá del velo, el cuerpo organizado de los Santos de los que heredan la exaltación. Se compone de aquellos que califican para las bendiciones de la primogenitura. Jesús es el Primogénito del Padre y como tal tiene derecho a la primogenitura. Como un acto de misericordia y gracia consumada, nuestro bendito Salvador hace que sea posible que nosotros heredamos, recibir y poseer las mismas bendiciones que recibe, como si cada uno de nosotros fuera el Primogénito. Los que entran en la Iglesia y viven dignos de la compañía del Espíritu Santo han nacido de nuevo; se convierten en los hijos e hijas de Jesucristo por adopción (Mosíah 5: 1-7). Si continúan fieles, a partir de entonces reciben los convenios y las ordenanzas del templo, incluyendo la investidura y el matrimonio celestial, y son fieles a esos convenios más altos, con el tiempo se convertirán en los hijos e hijas de Dios, es decir, el Padre. Se convierten en herederos de Dios y coherederos, con Jesucristo a todo lo que el Padre tiene, incluyendo la vida eterna. "Por tanto, como está escrito, son dioses, hijos de Dios" (D & C 76:58). Por lo tanto, el presidente Brigham Young declaró que "las ordenanzas de la casa de Dios son expresamente para la Iglesia del Primogénito."
"Éstos son los que son sacerdotes y reyes que han recibido de su plenitud y de su gloria" (D. y C. 76:56). Es decir, que son reyes y reinas, sacerdotes y sacerdotisas, las personas que a través de su firmeza e inamovilidad en mantener sus convenios han recibido lo que los profetas llaman a la "plenitud del sacerdocio" (D. y C. 124: 28). Estos son los que acompañará al Maestro cuando regrese en gloria, los que, si ya han pasado por el velo de la muerte, saldrán de la tumba en la gloriosa inmortalidad. La primera resurrección, que se inició en el momento de la resurrección de Cristo, por lo tanto se reanudará. Son aquellos cuyos nombres están escritos en el cielo, en el libro de la vida del Cordero (D. y C 88: 2), "donde Dios y Cristo son los jueces de todos" (D. y C. 76:68).
Y luego, por no poner la conclusión de que estas personas han llegado a este grado más alto de gloria por su cuenta, a través de sus propios méritos y logros morales o sin la ayuda divina, la palabra santa atestigua: "Estos son los que son justos hechos perfectos a través Jesús, el mediador del nuevo convenio, que obró esta perfecta expiación derramando su propia sangre "(D. y C. 76:69; énfasis añadido)Se hacen perfecto, entero, completo, totalmente formado, maduro espiritualmente a través de su unión pacto con el Redentor.


Vision V: La Gloria Terrestre

La visión de la primera resurrección o la resurrección de los justos continúa. El Profeta y su escriba fueron testigos del estado final de los que optaron por acatar el bien y la equidad y la decencia en su segundo estado, sino también optó por no recibir e incorporar la plenitud de la luz y el poder que se derivan de recibir el evangelio eterno. La gloria terrestre se compone de los que en esta vida no recibieron el testimonio de Jesús-el testimonio de que él es el Salvador y Redentor de la humanidad, pero luego lo aceptaron; es decir, que recibieron ese testimonio en el mundo de los espíritus posmortal (D. y  C 76: 73-74). El mundo terrestre también está habitado por aquellos que conocieron en esta vida que Jesús era el Cristo, pero que no fueron suficientemente valientes en ese testimonio para recibir la plenitud del Evangelio, cuando se presentó a ellos. O, como el Profeta dictada poéticamente:

No valiente de la verdad, que no obtendran la corona, sino que son de esa gloria que está tipificada por la luna: Son ellos, los que entran en la presencia de Cristo, pero no en la plenitud de Dios, en su trono.
Por lo demás, los que recibieron la plenitud del Evangelio de Jesucristo, en nuestros días, los que se unen a la Iglesia de Jesucristo de los Últimos Santos-y luego no prueban valiente en su testimonio. Estos son los candidatos para el grado terrestre de aquí en adelante gloria.


Visión VI: El Telestial Gloria

Recordando que las personas celestes recibir el testimonio de Jesús y también el convenio del Evangelio y que las personas terrestres reciben el testimonio de Jesús, pero no el convenio del Evangelio, como sabemos ahora acerca de los habitantes del mundo telestial: "Estos son los que no recibieron el evangelio de Cristo ni el testimonio de Jesús "(D. y C. 76:82; véase también 101). Ellos "no niegan el Espíritu Santo" (D. y C. 76:83). Es decir, su maldad no es tal como para llevar a la perdición completa; que no han cometido el pecado imperdonable, pero son "arrojados al infierno" (D. y C. 76:84); en el momento de su muerte física, entran en ese reino de la esfera posmortal que conocemos como el infierno, o prisión de los espíritus, y se enfrentan a su pecado (2 Nefi 9: 10-12; Alma 40: 13-14). Estos no vienen de la tumba hasta la última resurrección, hasta el final del Milenio, "hasta que el Señor, Cristo el Cordero, haya cumplido su obra" (D. y C. 76:85).
Como es el caso con los otros reinos de gloria, hay clasificaciones generales de las personas telestiales. Estos son aquellos "que son de Pablo, y de Apolos, y de Cefas. Estos son los que declaran ser unos de uno y otros de otro: algunos de Cristo y otros de Juan, y algunos de Moisés, y algunos de Elias, y algunos de Isaías, y algunos de Isaías, y otros de Enoc; pero no recibieron el evangelio, ni el testimonio de Jesús, ni a los profetas, ni el pacto eterno "(D. y C. 76: 99-101). Además, el reino telestial es la morada final de los mentirosos, los hechiceros, los adúlteros y los fornicarios, los asesinos, como aprendió Juan  el Revelador, (D. y C. 76: 103; Apocalipsis 21: 8; 22:15).

Durante el Primer Gran Despertar, el teólogo americano temprano Jonathan Edwards dijo: "Hay muchas moradas en la casa de Dios, porque el cielo está destinado a diversos grados de honor y bienaventuranza. Algunos están diseñados para sentarse en los lugares más altos allí que otros; algunos están diseñados para ser avanzado a grados más altos de honor y la gloria que otros son "Del mismo modo, John Wesley, esencialmente, el padre del metodismo, habló de algunas personas que gozan de" altos grados de gloria. "de aquí en adelante:" Hay una gran variedad inconcebible en el grados de recompensa en el otro mundo. En las cosas del mundo son hombres ambicioso para llegar tan alto como sea posible. Los cristianos tienen una ambición mucho más noble. La diferencia entre el más alto y el estado más bajo en el mundo no es más que la diferencia más pequeña entre los grados de gloria ".
La visión es un oráculo notable. "Nada podría ser más agradable a los santos, sobre el orden del Reino del Señor," José Smith declaró: "que la luz que irrumpió en el mundo a través de la visión anterior." El Profeta describió como "una transcripción de los registros del mundo eterno. La sublimidad de las ideas; la pureza de la lengua; el margen de actuación. son mucho más allá de la estrechez de los hombres, que todo hombre está obligado a exclamar: '.  ¡ vino de Dios' ! "

CONCLUSIÓN

El profeta José Smith y Sidney Rigdon recibió la visión de las glorias en febrero de 1832. Dios continuó revelando a sí mismo, su plan, y las doctrinas de salvación, precepto por precepto, durante los siguientes doce años de ministerio terrenal del Profeta y, posteriormente, a sus sucesores. En algún momento después de la venida de Elías y la restauración de los poderes de sellado y plenitud del sacerdocio en abril de 1836, el Profeta introdujo la doctrina y la práctica del matrimonio celestial a los Santos. El enseñó que "en la gloria celestial hay tres cielos o grados; y con el fin de obtener el más alto, el hombre tiene que entrar en este orden del sacerdocio [es decir, el nuevo y sempiterno convenio del matrimonio]; y si no lo hace, no puede alcanzarlo. Podrá entrar en el otro, sino que es el límite de su reino; no puede tener progenie "(D. y C. 131: 1-4). O, como el Profeta Dicho de otra manera, "menos que un hombre y su esposa entrar en un pacto eterno y se casó por la eternidad, mientras que en este período de prueba, por el poder y la autoridad del Santo Sacerdocio, cesarán de aumentar cuando mueran ; es decir, no van a tener hijos después de la resurrección. Pero los que están casados ​​por el poder y la autoridad del sacerdocio en esta vida, y seguir sin cometer el pecado contra el Espíritu Santo, seguirá aumentando y tienen hijos en la gloria celestial ".
En verdad hay muchas moradas del Padre (Juan 14: 1-2), y que el Santo de Israel ha hecho provisión para su pueblo de alcanzar aquel nivel de aquí en adelante gloria que están dispuestos a recibir. En la descripción de la naturaleza revolucionaria de la visión, Richard Bushman señaló que "la salida más radical de 'la Visión' no era el cielo tripartito sino la contracción del infierno. La doctrina de la refundición de la vida después de la muerte. "En la visión," un infierno permanente amenazado muy pocos [los hijos de perdición]. La cuestión no se escapa del infierno, pero la cercanía a Dios. Dios escaló las recompensas a la capacidad de cada persona ".
Este es un mensaje de esperanza, un soplo de aire fresco en medio de los vientos ardientes de la teología sectaria, una doctrina que manifiesta la misericordia y la sabiduría de nuestro Divino Redentor.