Mormones, profecías, la guerra y la paz



Los mormones no adoramos a José Smith.

Que quede bien claro, no obstante, lo respetamos y reconocemos su valor en la Restauración del Evangelio en estos últimos días, tal como respetamos y reconocemos a Adán, Noé, Abraham, Jacob, o Moisés, o tal como respetamos y reconocemos a Pedro, Juan o Pablo, todos ellos profetas y apóstoles del Señor Jesucristo, hombres justos y santos, aunque imperfectos todos, pero que demostraron su fidelidad a Dios y su amor por el prójimo.

Un ataque que suele hacer cualquier critico a cualquier institución o grupo, se suele dirigir a su fundador o director, y se intenta desacreditar su personalidad y moral, a fin de destruir su obra u organización, es lo que suele llamarse un ataque 'ad hominem'.

El profeta José ha sido difamado, atacado e insultado, intentando desacreditarlo, para así desacreditar y destruir su obra, pero, como muchos sabemos, no era su obra, él no era su creador, él solo era el mensajero, el creador del mormonismo es nuestro Señor Jesucristo y José solo fue el primer profeta de los últimos días, gran hombre, un noble ser humano, un buen siervo de Dios, pero solo un hombre imperfecto como todos nosotros.


No obstante, el legado que nos ha dejado, como todos los profetas y apóstoles de antaño, es enorme, porque no es suyo, es de Dios, y por lo tanto, el profeta fue instrumento en sus manos para darnos el maravilloso Evangelio de Cristo restaurado.

Hasta el propio Cristo, a pesar de su bondad, servicio, amor y perfección, fue atacado en su tiempo por escribas y fariseos, y desacreditado, insultado y desprestigiado, llegando a decirnos, que tal como le habían tratado a El, tratarían en el futuro a cualquiera de sus siervos.

Así es que no debería resultarnos sorprendente tanta crítica y ataque al profeta José, que a pesar de sus imperfecciones humanas, que tantas veces aparecen en las revelaciones de Doctrina y Convenios, fue un gran hombre de Dios que cumplió con su voluntad y realizó su obra, hasta entregar su propia vida por el Evangelio de Cristo.

En esta ocasión quiero recordar un artículo que publiqué hace un par de años sobre la profecía que hizo José sobre la guerra civil americana y como, casi treinta años después de recibirla, se cumplió hasta en el más pequeño detalle, mostrando que José era un profeta verdadero de Dios.



https://mormondefender4biblia.blogspot.com.es/2015/09/jose-smtih-profeta-verdadero-de-dios.html



No obstante, un profeta es mucho más que alguien que profetiza y se cumple, un profeta es un maestro que enseña la verdad por revelación de Dios, y en este caso, el artículo que les acompaño, demuestra mucho mas ampliamente el cómo y el porqué de esta profecía, ya que cuando se recibió, todo pareció arreglarse y muchos pensaron que José había profetizado en falso, ya que hubo que esperar casi treinta años para ver su cumplimiento, pero la verdad es tozuda y se abre paso a través de nuestra incredulidad y prejuicios.

Además de ver el contexto histórico de la profecía y todos los acontecimientos que la acompañaron, hay un hecho que me encanta, y es la positividad y bondad del mormonismo, encarnada en José y todos los primeros santos, ya que, aunque él no llegó a ver el cumplimiento de su profecía, siempre mantuvo su fe en que era de Dios y que se cumpliría algún día, pero nunca la utilizó para asustar o amenazar a nadie, ya que este es un Evangelio de amor y no de temor, de alegría y no de miedo y aunque sabemos que van a pasar cosas negativas, aspiramos a todo lo bueno y positivo y vemos con esperanza el triunfo del amor y de la fe.










Paz y guerra

D. y C. 87

Jed Woodworth

Unos cuantos días antes de la Navidad de 1832, los Santos de los Últimos Días entraron a su casa para resguardarse del aire frío y húmedo y sentarse a la luz cálida y centelleante de la chimenea. Abrieron el diario local, el Painesville Telegraph y se encontraron con noticias alarmantes. A unos 1.100 km hacia el sur, la asamblea legislativa de Carolina del Sur, un estado de los Estados Unidos, había declarado que los impuestos por bienes importados que el gobierno federal imponía eran “nulos y sin efecto”. Ese movimiento creó una “crisis de la anulación” que cuestionó el derecho del gobierno federal de hacer cumplir sus propias leyes. La guerra se cernía en el horizonte1.
Los aranceles se habían fijado para proteger a los fabricantes del norte en contra de la competencia extranjera, pero los agricultores del sur consideraban que eran injustos. ¿Por qué debían pagar más por bienes que su región ni siquiera producía?2. Andrew Jackson, Presidente de los Estados Unidos, emitió una proclamación en la que advertía que el rechazo de los aranceles federales por parte de Carolina del Sur era un acto de rebelión que podía terminar en la efusión de sangre. La respuesta de Carolina del Sur fue prepararse sin demora para la guerra3. No se veía arreglo alguno por ninguna parte. Los informes que los residentes de Kirtland leyeron sonaban el tambor de guerra: “Si una bayoneta federal reluce dentro de nuestras fronteras”, decía uno de los informes, será una “guerra de soberanos4.


La revelación del día de Navidad




D. y C. 87 en JosephSmithPapers.org

José Smith siguió muy de cerca el conflicto por medio de los periódicos que llegaban a Kirtland. Agregó una nota a su historia [personal] en cuanto a la gente de Carolina del Sur, “declarando [el] estado [de ellos] una nación libre e independiente”, y [también incluyó en la nota] la “proclamación en contra de esa rebelión” dada por el presidente Jackson5. Y entonces, después de esas líneas, José insertó lo que llamó “una profecía de guerra”, una revelación que dictó a su secretario Frederick G. Williams el día de Navidad de 1832, apenas unos días después de que la sorprendente noticia apareció en los periódicos de Kirtland. Esa revelación se conoce actualmente como Doctrina y Convenios 87.
Sin mencionar al presidente Jackson por nombre, la profecía de guerra hizo que las promesas condicionales del presidente fueran inevitables. El presidente Jackson había predicho que habría un conflicto armado si Carolina del Sur seguía insistiendo que era un estado soberano. Según el presidente Jackson, por medio de sus actos Carolina del Sur había dicho: “La paz y la prosperidad desfiguraremos; este libre intercambio interrumpiremos; estos campos fértiles inundaremos de sangre”6. Pero si Carolina del Sur daba marcha atrás, la inundación podía evitarse. Sin embargo, en la profecía de José Smith, la efusión de sangre era una conclusión inevitable. “Las guerras que pronto acaecerán, comenzando por la rebelión de Carolina del Sur”, decía la revelación, “finalmente resultarán [en] la muerte y la miseria de muchas almas”7. La revelación no presagiaba ninguna resolución pacífica.
La destrucción no era un tema nuevo en las revelaciones de José Smith. El Señor ya había advertido del tiempo en que el hambre, la pestilencia y las tempestades sobrevendrían a los habitantes del mundo8. Las revelaciones enseñaban que la destrucción generalizada precedería la segunda venida del Señor, y la frecuencia de las referencias a la destrucción en las revelaciones causaron que muchos Santos de los Últimos Días llegaran a la conclusión de que la Segunda Venida seguramente era inminente9.
Doctrina y Convenios 87 solo intensificó las expectativas de que no faltaba mucho para la Segunda Venida. Otras revelaciones situaban la destrucción en un tiempo y un lugar indeterminados: La destrucción ocurriría “antes que llegue este gran día”, refiriéndose a la Segunda Venida, o tendría lugar entre “todas las naciones”10. Las revelaciones decían que las guerras y rumores de guerras serían “en vuestras propias tierras” y “en países extranjeros”11. Por el contrario, Doctrina y Convenios 87 ligaba la destrucción a lugares específicos y a acontecimientos en un panorama contemporáneo: Carolina del Sur y su rebelión se nombraron específicamente. El conflicto involucraba más que solo naciones en guerra. También involucraría a grupos oprimidos —“esclavos” y “el resto”— que se sublevarían contra sus amos y capataces12.
La referencia a los esclavos insertó Doctrina y Convenios 87 directamente en el conflicto por el poder federal. En el periodo previo a la crisis, los de Carolina del Sur habían argumentado que los aranceles federales se habían diseñado intencionalmente para subvertir la economía agrícola cuya fuerza laboral se componía de esclavos y que era predominante en la región sur de los Estados Unidos. Todos los estados que se beneficiarían de los aranceles, incluso Ohio, habían prohibido la esclavitud. La profecía de José Smith en cuanto a la guerra reconocía esas divisiones geopolíticas y las ligaba a las guerras que inevitablemente seguirían: “los estados del sur se dividirán en contra de los del norte, y los estados del sur llamarán a otras naciones, aun el país de la Gran Bretaña”13. En 1832, Europa dependía del algodón del sur para sus industrias textiles. Gran Bretaña parecía ser un aliado probable para la causa de Carolina del Sur.

La crisis queda atrás

Para gran sorpresa de todos, la crisis de la anulación llegó a su fin casi antes de haber empezado. En febrero de 1833, el presidente Jackson hizo los arreglos para un arancel de concesión más bajo, reafirmando los derechos del gobierno federal y al mismo tiempo satisfaciendo las demandas de los secesionistas a favor de los derechos de los estados. La crisis quedó atrás, la paz regresó a la tierra y el presidente Jackson disfrutó lo que quizá fue su mayor triunfo como presidente14.
La resolución pacífica de la crisis complació a todos, excepto a los instigadores más apasionados. Como seguidor de Cristo, José Smith amaba la paz y le placía la conciliación, y esperaba con anhelo el regreso del Príncipe de Paz y Su pacífico reino milenario. Sin embargo, las funestas predicciones contenidas en la profecía sobre la guerra, ligadas como estaban a acontecimientos contemporáneos, deben haber desconcertado a José. La muerte y miseria de muchas almas no ocurrió. Los estados del sur seguían divididos en contra de los del norte en la cuestión de la esclavitud, pero los esclavos no se sublevaron contra sus amos y Carolina del Sur no solicitó la ayuda de Gran Bretaña15. Cualquiera que hubiera estado buscando el cumplimiento de la revelación de 1833 se habría sentido decepcionado.
José Smith parecía estar renuente a diseminar ampliamente las noticias de su profecía sobre la guerra. Incluso antes de que la crisis quedara atrás, le dijo a un editor de un diario que estaba seguro de que “no pasarán muchos años antes de que Estados Unidos presente una escena tal de efusión de sangre que no tiene paralelo en la historia de nuestra nación”16. Pero no dio detalles más específicos. No mencionó a Carolina del Sur en sus enseñanzas y sermones posteriores. Cuando en 1835 compiló sus revelaciones para que fueran publicadas, José no incluyó Doctrina y Convenios 87 en la colección. Después de que la crisis de la anulación terminó en forma pacífica, pareció ser mejor dejar de lado la revelación durante su vida17.
José estaba seguro de sus revelaciones anteriores. Había sentido la voz de Dios hablar por medio de él anteriormente y había visto esas palabras cumplirse. Debió haberse preguntado si esta revelación era un caso de profecía falsa. O bien, si la profecía era verdad, ¿qué deseaba Dios que José hiciera ahora que la paz, aunque fuera temporaria, se había logrado?

Lugares santos

Doctrina y Convenios 87 no surtió un efecto radical en la forma en que José Smith abordaba la vida. No se escondió en un refugio subterráneo ni desapareció de la vista del público para esperar el final. Incluso antes de que el presidente Jackson lograra una resolución satisfactoria de la crisis, cuando la guerra todavía parecía ser probable, José calladamente abrió una escuela para élderes que dentro de poco saldrían al mundo como misioneros. La Escuela de los Profetas, como José la llamó, se reunía con un pequeño grupo de hombres Santos de los Últimos Días en la tienda de Newel K. Whitney en Kirtland.
En ella, José enseñó a los alumnos la forma de “[hablar] en el nombre de Dios”18. Instó a los hombres a purificarse para que el Espíritu de Dios pudiera ayudarles a encontrar y enseñar a los elegidos. José enseñó que los que guardaran la Palabra de Sabiduría correrían sin fatigarse y andarían sin desmayar19. El presidente Jackson había procurado evitar la destrucción por medio de la diplomacia. José enseñó que el “ángel destructor” podía evitarse al vivir con rectitud20.
José nunca evitó advertir al mundo de los cataclismos por venir, pero su mensaje no se trataba de eso. No era un profeta fatalista que se contentaba con solo predecir miseria e infortunio21. Al final de Doctrina y Convenios 87, el Señor dijo a los santos cómo debían responder ante tales profecías tan inquietantes. No debían vivir temerosos ni abandonar sus proyectos actuales. Debían “[permanecer] en lugares santos y no [ser] movidos”22.
Unos cuantos días después de que se recibió Doctrina y Convenios 87, José Smith recibió otra revelación en la que el Señor mandó a los santos construir un templo en Kirtland (Doctrina y Convenios 88). Esa revelación, al igual que la profecía sobre la guerra, hablaba de las destrucciones por venir, pero también hablaba de una obra importante que los santos habían de realizar. No debían sentarse pasivamente, esperando que Cristo regresara mientras que el mundo se venía abajo a su alrededor. Tampoco debían simplemente predicar, como los fatalistas lo hacían. Debían edificar nuevas estructuras, nuevas instituciones, nuevos “lugares santos”. Siempre obediente a sus revelaciones, José abrió la Escuela de los Profetas, tal como la revelación le indicó que hiciera. Más tarde ese verano empezó a construir el templo.
Hasta el final de la vida de José, fueron los “lugares santos”, templos y escuelas, que captaron más su atención. La experiencia le enseñó a tener poca fe en el poder de la diplomacia, como la tuvo Andrew Jackson. José sabía, a causa de las demasiadas veces que los santos se habían visto forzados a mudarse, cuán frágil puede ser la paz. A pesar del conflicto que los rodeaba, los santos siempre podían hallar paz en el proceso de crear y habitar lugares santos.

Conclusión

Tres décadas después de que se recibió Doctrina y Convenios 87, Carolina del Sur volvió a rebelarse. Convencidos de que la elección de Abraham Lincoln como presidente de los Estados Unidos significaría problemas para la institución de la esclavitud, la asamblea legislativa del estado votó a favor de separarse de Estados Unidos. El movimiento de Carolina del Sur desencadenó una guerra entre el norte y el sur, de la cual resultó mucha muerte y miseria. Los estados del sur solicitaron la ayuda de Gran Bretaña y los esclavos se sublevaron contra sus amos. Al mismo tiempo, los santos, ahora en su nuevo hogar en el oeste, se afanaban por poner los cimientos de un lugar santo más: el Templo de Salt Lake.








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Notas al pie de página
[1] Véase William W. Freehling, ed., The Nullification Era: A Documentary Record, Nueva York: Harper Torchbooks, 1967. La noticia de la rebelión de Carolina del Sur en contra de los aranceles federales ya se había reportado antes de esta fecha, pero no fue sino hasta el 21 de diciembre que el diario Painesville Telegraph hizo un reportaje del discurso del gobernador de Carolina del Sur manifestando que apoyaba las acciones de la asamblea legislativa.
[2] La Constitución de los Estados Unidos concedía al gobierno federal el poder para regular el comercio, y durante las primeras dos décadas de la existencia de la nación, se fijaron aranceles bajos a fin de estimular los ingresos. Las tasas arancelarias más altas se produjeron en respuesta a la gran escala de manufactura británica durante las décadas de 1810 y 1820 (véase Paul P. Abrahams, “Tariffs”, en The Oxford Companion to United States History, ed. Paul S. Boyer, Nueva York: Oxford University Press, 2001, pág. 761).
[3] Andrew Jackson, Proclamation, 10 de diciembre de 1832, en A Compilation of the Messages and Papers of the Presidents, comp. James D. Richardson, 11 tomos, New York: Bureau of National Literature, 1897, tomo III, págs. 1203–1219. La asamblea legislativa de Carolina del Sur autorizó $200.000 dólares —una suma enorme— para obtener municiones, y otorgó al gobernador autoridad para convocar a la milicia (véase Robert V. Remini, Andrew Jackson and the Course of American Democracy, 1833–1845, Nueva York: Harper & Row, 1984, pág. 26). Los defensores de la anulación naturalmente recibieron la proclamación del presidente Jackson con menosprecio, considerándola como una manera de lograr que los miembros del partido político Whig de Carolina del Sur se sometieran por medio de la intimidación al incitar a los oponentes de la anulación dentro del estado. Para esos anuladores radicales, la proclamación del presidente Jackson equivalía a una “declaración de guerra” (“South Carolina”, Alexandria [Virginia] Gazette, 25 de diciembre de 1832, pág. 2).
[4] “The Charleston Mercury”, Painesville Telegraph, 21 de diciembre de 1832, pág. 3, columna 2. James Hamilton, el gobernador saliente de Carolina del Sur, casi parecía invitar la guerra en un discurso ampliamente difundido que pronunció el 10 de diciembre. “Una gran mayoría de nuestra gente”, dijo él, “preferiría que toda casa en la superficie de nuestro territorio fuera arrasada hasta los cimientos, y toda brizna de hierba fuera quemada, antes que rendirse ante la tiranía y la injusticia de ese sistema de gobierno en contra del cual hemos inalterablemente tomado una posición” (“South Carolina”, American Traveller, Boston, 25 de diciembre de 1832, pág. 3).
[5] José Smith, “History, 1838–1856, volume A-1 [23 December 1805–30 August 1834]”, pág. 244, josephsmithpapers.org.
[6] Richardson, A Compilation of the Messages and Papers of the Presidents, tomo III, pág. 1217.
[7] “Revelation, 25 December 1832 [D&C 87]”, en Revelation Book 2, pág. 32, josephsmithpapers.org; véase también Doctrina y Convenios 87:1.
[8] Véase “Revelation, September 1830-A [D&C 29]”, en Revelation Book 1, págs. 37–38, josephsmithpapers.org; véase también Doctrina y Convenios 29:14–19.
[9] En cuanto al milenarismo mormón, véase Grant Underwood, The Millenarian World of Early Mormonism, Urbana: University of Illinois Press, 1986. Para el milenarismo en general, las obras clásicas son James West Davidson, The Logic of Millennial Thought: Eighteenth-Century New England, New Haven: Yale University Press, 1977; y Ernest R. Sandeen, The Roots of Fundamentalism: British and American Millenarianism, 1800–1930, Chicago: University of Chicago Press, 1970.
[10] “Revelation, September 1830-A [D&C 29]”, pág. 37; “Revelation, 4 November 1830 [D&C 34]”, en Revelation Book 1, pág. 46, josephsmithpapers.org; véase también Doctrina y Convenios 29:14; 34:8–9.
[11] “Revelation, circa 7 March 1831 [D&C 45]”, en Revelation Book 1, págs. 73, 75; véase también Doctrina y Convenios 45:26, 63.
[12] “Revelation, 25 December 1832 [D&C 87]”, págs. 32–33; véase también Doctrina y Convenios 87:1.
[13] “Revelation, 25 December 1832 [D&C 87]”, pág. 33; véase también Doctrina y Convenios 87:3.

[14] Merrill D. Peterson, Olive Branch and Sword—The Compromise of 1833, Baton Rouge: Louisiana State University Press, 1982; William W. Freehling, Prelude to Civil War: The Nullification Controversy in South Carolina, 1816–1836, Nueva York: Harper & Row, 1966, pág. 293. Los eruditos tienen diferentes opiniones en cuanto a la forma en que el presidente Jackson gestionó la crisis de la anulación. La erudición más antigua tiende más al elogio y la celebración, mientras que los eruditos más recientes han argumentado que las concesiones realizadas constituyeron una gran vergüenza que dañó al presidente Jackson políticamente en los años por venir (véase Richard E. Ellis, The Union at Risk: Jacksonian Democracy, States Rights, and the Nullification Crisis, New York: Oxford University Press, 1987, págs. 181–182).
[15] Hubo rebeliones de esclavos antes de 1832, pero tendieron a ser acontecimientos aislados y de corta duración. Véase, por ejemplo, Stephen B. Oates, The Fires of Jubilee: Nat Turner’s Fierce Rebellion, New York: Harper & Row, 1975.
[16] Carta de José Smith a Noah C. Saxton, 4 de enero de 1833, en Joseph Smith Letterbook 1, págs. 17–18, josephsmithpapers.org.
[17] Aun cuando los misioneros habían llevado consigo copias hechas a mano de la revelación por varias décadas, no se publicó sino hasta 1851 (véase Scott C. Esplin, “‘Have We Not Had a Prophet among Us?’: Joseph Smith’s Civil War Prophecy”, en Civil War Saints, ed. Kenneth L. Alford, Salt Lake City: Deseret Book, 2012, págs. 41–59).
[18] “Revelation, 1 November 1831–B [D&C 1]”, en Revelation Book 1, pág. 126, josephsmithpapers.org; véanse también “Revelation, 27–28 December 1832 [D&C 88:1–126]”, en Revelation Book 2, pág. 46, josephsmithpapers.org; Doctrina y Convenios 1:20; 88:122.
[19] Véase Jed Woodworth, “La Palabra de Sabiduría: D. y C. 89”, history.lds.org; véase también Doctrina y Convenios 89:20–21.
[20] “Revelation, 27 February 1833 [D&C 89]”, en Revelation Book 2, pág. 51, josephsmithpapers.org; véase también D. y C. 89:21.
[21] Véase Susan Juster, Doomsayers: Anglo-American Prophecy in the Age of Revolution, Philadelphia: University of Pennsylvania Press, 2003.
[22] “Revelation, 25 December 1832 [D&C 87]”, pág. 33; véase también Doctrina y Convenios 87:8.



Mormones y misioneros retornados prematuramente

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En esta ocasión quiero tratar un tema muy delicado, y lo digo con seriedad, el de las relaciones humanas y la hermandad, que en la Iglesia de Jesucristo, cobra una importancia vital, puesto que el Señor nos llama a ser santos y a velar unos por otros y amarlos como a nosotros mismos.

La primera parte del amor es el respeto y la primera parte del respeto es no juzgar a nadie, porque el Señor así nos lo ha mandado y no es por casualidad, las emociones, la autoestima, el valor personal, puede verse brutalmente destrozado por la actitud desconsiderada de otros y, a veces sin darnos cuenta, podemos hacer mucho daño al corazón de nuestro prójimo.

Esto toma una nueva dimensión en cuanto a la obra misional, todos estamos orgullosos de nuestros jóvenes misioneros y su sacrificio y amor por la humanidad al dejar en su juventud todas sus ocupaciones y salir a compartir el Evangelio a cualquier lugar donde sean enviados por un periodo de dieciocho a veinticuatro meses.

Se requiere valor, determinación y sobre todo amor, para hacer ese sacrificio, aunque todos reconocen que vale la pena y vuelven felices por haber servido al Salvador y al prójimo.

No obstante, muchas circunstancias pueden alterar el desarrollo normal de la Misión y algunos regresan antes de terminar su tiempo asignado y ahí se produce un hecho que debemos considerar.

El respeto al dolor ajeno.

No creo que nadie, por la causa que sea, si no puede terminar su misión, vuelva con alegría o despreocupación, todos tendrán causas que para ellos han sido insalvables, sean de salud, emocionales o espirituales, y ello requiere el máximo de respeto, porque sino, lo único que hacemos es añadir más dolor a aquel o aquella que decidió dedicar su vida al Señor y se esforzó en conseguirlo, aunque no pudiera culminarlo.

Es natural que nos guste hablar y juzgar, es fácil, pero es humano y por cierto, de humanos caídos el hacer eso, así es que como Santos de los Últimos Días, debemos estar por encima del chusmerío y la crítica, y respetar en silencio y con amor, los dolores ajenos.

Siempre que tengo la tentación de hablar de alguien, recuerdo la escritura siguiente...



Doctrina y Convenios 6

16 sí, te las digo para que sepas que no hay quien conozca tus pensamientos y las intenciones de tu corazón sino Dios.


Está muy claro que no sabemos lo que hay en el corazón del hombre, solo Dios lo conoce y sabe el dolor, la pena y la lucha que hay en nuestros corazones, por lo que hablar de otros, especialmente en momentos tan delicados como un regreso prematuro de la Misión, es una falta muy grave.

También recuerdo la segunda estrofa de un hermoso Himno que cantamos en la Iglesia y que retrata perfectamente lo poco que sabemos del dolor ajeno y lo mucho que podemos perjudicar a los demás por nuestra falta de sensibilidad y amor, y que precisamente, habla de seguir al Salvador.



  • Biblioteca de música
  • Himnos

  • Señor, yo te seguiré


    2. Yo a nadie juzgaré; es
    imperfecto mi ̮entender;
    en el corazón se ̮esconden
    penas que no puedo ver.
    Yo a nadie juzgaré;
    Señor, yo te seguiré.




    Para ello, quiero compartir con todos ustedes este hermoso artículo que cuenta en primera persona el dolor y sufrimiento que podemos causar por nuestra desconsideración.

    Solo quiero acabar diciendo que al final del artículo, hay un video que grabaron seis exmisioneros/as que regresaron antes de tiempo, solo en inglés, pero creo que muchos lo pueden disfrutar y, personalmente, una de las protagonistas es la hija de uno de mis mejores amigos, una familia espectacular, dedicada, fiel y honesta, un ejemplo de fe y devoción a Cristo y la protagonista, un ángel en la Tierra, por favor, seamos amables y considerados con nuestros hermanos y hermanas.


    El misionero vuelto temprano comparte historia brutalmente honesta, mensaje de gran alcance: los misioneros que vuelven temprano no son miembros de segunda clase





    Lo siguiente ha sido reeditado con el permiso de  senorwrite.wordpress.com :
    Es mi sincera esperanza que algo de mis experiencias ayude a aquellos que se encuentran en la misma situación, lidiando con los desafíos que vienen con un retorno más temprano de lo esperado de una misión de tiempo completo para La Iglesia de Jesucristo de los Últimos Días Santos Creo que todas las partes involucradas en esta situación-incluyendo familia y amigos- pueden beneficiarse de las experiencias compartidas aquí.

    El sábado por la mañana a principios de junio de 1987, me subí a mi estimada bicicleta de 10 velocidades y fui a la oficina de correos local para revisar el correo.
    PO Box 225 estaba a 33 pasos de la entrada de la oficina de correos. Me esperaba una carta de Salt Lake City pero no creo que estaría allí por lo menos otra semana. Sorprendentemente, cuando abrí la caja, mi llamamiento a la misión estaba anidada entre el correo basura y las facturas.
    Recogí con calma el correo, caminé los 33 escalones de regreso a la puerta de la oficina de correos y salí con mi bicicleta. Caminando en mi bicicleta en la acera, decidí que era el mejor momento para abrir el sobre.

    "Querido Elder Martínez", comenzó la carta. "Usted es llamado a servir como misionero de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Usted es asignado a trabajar en la Misión Colombia Bogotá. "Mi informe data del Centro de Entrenamiento Misionero en Provo, Utah, fue en septiembre de 1987.
    Este es el punto donde, según los estándares de hoy, la gente repite el destino del misionero el uno al otro, alienta, "ooh" y "ahh", y menciona a alguien que saben que ha servido en esa misma misión o en algún lugar dentro de miles de millas.

    No en mi caso.

    Tranquilamente me dirigí a mi casa a la bicicleta, le dije a mis padres sobre el llamamiento, llamé a mi hermano, y luego hice un par de llamadas más a amigos y familiares para dar la noticia.
    Esa noche, mientras yacía en la cama, me preguntaba si había mordido más de lo que podía masticar.

    Preparándose para servir

    Como la mayoría de los recién llamados misioneros, pasé mucho tiempo investigando el país en el que iba a pasar los próximos dos años de mi vida. La idea de vivir en una tierra extranjera me asustaba. El tiempo más largo que había pasado fuera de casa y de mis padres hasta ese punto en mi vida fue una semana. Dos años me aterrorizaron.
    Cuando me empujé en el modo de preparación de misión,  pude sofocar los sentimientos de miedo y me concentré en las experiencias agradables con familiares y amigos que estaban emocionados y felices por mí.

    Resultado de imagen de misioneros mormones
    Una carta de la oficina de la misión en Colombia empujó mi informe del MTC a octubre, lo cual parecía venir tan rápido como un tren de carga que aceleraba.
    Decir adiós a mis amigos y familiares fue difícil.
    Con las dolorosas despedidas detrás de mí, me metí en el modo misionero. Mi compañero era de Oregon y el resto de los élderes de mi distrito eran de Carolina del Norte, Washington, Idaho y Nuevo México. Nuestro grupo se llevaba muy bien y había una sensación instantánea de fraternidad entre nosotros.
    Mi compañero y yo éramos un poco mayores que los demás; tenía 22 años y yo tenía 20 años. Su razón de ser mayor que los demás era que se había unido a la Iglesia apenas un año antes. Mi razón simplemente no estaba preparado hasta entonces.

    Al menos, pensé que estaba listo entonces.

    Experimentar el MTC





    El Espíritu tuvo un impacto poderoso en mí desde el momento en que puse los pies en el MTC. Podía sentir su influencia fuertemente, especialmente una vez que mi familia se fue y comencé a vivir como un misionero de tiempo completo.
    Un himno, una oración y un breve devocional en una reunión de oración en mi primer día allí me tenían -y mis compañeros misioneros- llorando y no sabía por qué. Nunca me habían traído a lágrimas tan fácilmente desde que era un niño. El líder nos dijo que lo que sentimos era el Espíritu Santo y que como vivíamos dignamente y hacíamos lo mejor que podíamos, él tendría un gran impacto en nuestro servicio misionero.
    Fue en ese momento que empecé a preguntarme si algo no estaba bien.

    Volviendo a casa

    Las razones para regresar a casa temprano de mi misión no son importantes. Tampoco son las razones para que alguien llegue a casa temprano. Basta con decir que mi misión de tiempo completo terminó ocho días después de que comenzó.
    Me reuní con varios líderes de MTC durante la siguiente semana después de esa poderosa reunión de oración, y finalmente se decidió que debía ir a casa para resolver las cosas. Era evidente para todos los involucrados que yo no estaba preparado ni podía ser un misionero de tiempo completo.
    Así que, en una lluviosa tarde del jueves en octubre de 1987, mi familia me recogió en el aeropuerto internacional de Los Ángeles. Era incómodo para todos nosotros porque ninguno de nosotros había estado en esa situación antes. Junto a mí, creo que fue más difícil para mi madre. 

    Si usted es un RM  (misionero retornado) que no terminó toda la duración de su misión, entonces usted sabe que la autoestima es un problema con respecto a llegar a casa temprano. Piensas que eres el tema de cada conversación que no puedes escuchar. Piensas que eres un miembro de la Iglesia de segunda clase. Usted se pregunta si el Señor está disgustado con usted. Básicamente, te sientes inútil.

    Así es como me sentí.

    La mayoría de los miembros del barrio, al menos en mi caso, me trataron bien. Reconocen la torpeza de la situación y tratan de tomar el camino del discípulo ofreciendo una mano de bienvenida y un cálido sentido de compañerismo.
    Era difícil volver a casa temprano de mi misión, especialmente porque me había ido por sólo ocho días. Mi inclinación era permanecer lejos de amigos y de miembros de la sala. No quería estar en una situación para tener que responder preguntas.
    Basándome en mi experiencia -y en las experiencias de varios con los que he hablado y que regresaron temprano de sus misiones- siempre hay una situación que profundiza.

    "¿Qué esta haciendo él aquí?"

    Mi primer  domingo en casa, me enfrenté a una decisión difícil: ir a la iglesia, o no ir a la iglesia. Me temía que asistir a la iglesia iba a implicar reacciones negativas a mi regreso temprano y me sentía ansioso acerca de cómo sería recibido.
    Sabía que había algunos miembros del barrio que sabían que yo estaba en casa, pero la mayoría no. Usted puede imaginar las miradas de la sorpresa que conseguí cuando llegué a la iglesia menos de dos semanas después de decir adiós.
    Pasé la primera hora de la iglesia sin ningún problema, entonces, en la Escuela Dominical, las cosas se desentrañaron.
    Después de la oración de apertura, un hermano sentado al frente de la clase de doctrina del evangelio levantó la mano para hacer una pregunta. Cuando se le solicite, se levantó y, señalándome, preguntó: “¿Qué está él haciendo aquí?”

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    Había formado un hábito en ese momento en mi vida de sentarme al fondo de la habitación, pero no importaba dónde estuviera sentado en ese momento; todas las cabezas de la habitación -y toda la ciudad parecía- se volvían en mi dirección.
    La maestra, bendiga su corazón, era un pensador más rápido que yo, respondiendo antes de que yo tuviera algo que decir. "Oh, él está visitando. Vamos a seguir adelante, ¿verdad?
    En los 30 años que han transcurrido desde entonces, he llegado a comprender que nuestra iglesia -y el mundo entero, de hecho- tiene muchas personalidades diferentes, algunas reflexivas, otras no tanto. Nos vamos a encontrar con ellos, si regresamos temprano de una misión o no. Es cómo la galleta se desmorona.
    Creo que es un supuesto seguro decir que muchos, si no todos, RM que terminaron sus misiones temprano han tenido por lo menos una experiencia similar. En realidad, las personas que responden de esta manera son sólo dar voz a lo que la mayoría de la gente está pensando. Podría hacerse de manera desconsiderada, como el hermano de mi barrio, pero lo más importante es soportarlo y darle la otra mejilla, como el Maestro nos ha dicho que hagamos.
    Estos tipos de experiencias pueden herir y causar estragos en la autoestima de un RM que ha llegado temprano a casa. Sé que lo hizo en el mío. Estaba convencido de que todos pensaban tan mal de mí como lo hizo el hermano de mi clase de la Escuela Dominical.

    Eventualmente, tuve que encontrar algo que decir a la gente que me preguntó por qué estaba en casa tan pronto-y también lo hará todos los que se encuentran en la misma situación. Me convertí en adepto a decir algo vago, como que tenía algunas cosas que tenía que cuidar antes de regresar al campo misional.
    Debo mencionar aquí que la invitación a regresar para completar mi misión siempre estuvo ahí. Me dijeron por cada líder que conocí que podría volver cuando yo estaba realmente listo.
    En retrospectiva, sabía desde el momento en que se tomó la decisión de enviarme a casa que no iba a regresar porque mi corazón no era ser misionero. Había visto lo suficiente en mis ocho días en el MTC para saber que era una tarea que no tenía confianza.
    La cultura de Colombia me asustó y contribuyó a que no quisiera ir más. Pero yo sabía que eso no era lo que la gente quería oír. En ese momento de mi vida, quería complacer a los demás, pero iba a hacer las cosas a mi manera. Ya sabes, un típico de 20 años de edad.

    En pocas palabras, la mejor manera de lidiar con personas desconsideradas y situaciones incómodas es rodar con los golpes. Ver la situación de lo que es: personas que tratan con la singularidad de la experiencia de diversas maneras.
    Sería bueno si los RM que regresan a casa temprano fueron tratados de una manera en que el servicio que hicieron fue el punto focal de su regreso, pero los mortales serán mortales. Por lo tanto, profundizar y saber que los comentarios desconsiderados y el tratamiento pasará, al igual que la dificultad de los retos de regresar a casa temprano.
    Esta pepita de la verdad no hizo las cosas todo el sol y las rosas para mí, sin embargo.