ABUSO INFANTIL, SECTAS, PREJUICIO vs PRESTIGIO, SUD - LDS.

 


Secta, secta, secta, es un mantra que algunos repiten sin ninguna prueba ni sustento, una acusación que hemos recibido insistentemente sin merecerlo, pero que crean prejuicios y generan rechazos, lo que algunos son especialistas en crear.

Uno de los temas al respecto es el abuso infantil, que desgraciadamente se da mucho en las iglesias por las circunstancias de confianza y proximidad que muchos depredadores o tiranos aprovechan para cometer actos repugnantes.

En este artículo que les acompaño se combinan ambos temas.

Como he publicado en muchas ocasiones la Iglesia de Jesucristo no reune ni una sola característica de secta ni de manipulacion mental, ninguna condicion BITE se enseña o practica en la Iglesia, aunque algunos se afanen en demostrar lo contrario.

Asimismo, la Iglesia se esfuerza en sus políticas de rechazo absoluto del abuso infantil, en cualquiera de sus facetas, y pone de relieve en sus practicas y enseñanzas la tolerancia cero al respecto.

Como he dicho, pues, el hecho que la prestigiosa Universidad de Harvard haya utilizado dos discursos de la pasada Conferencia General para apoyar un Simposio sobre el abuso infantil, pone de relieve las dos cosas y da reconocimiento y prestigio a la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los últimos días, que espero superen los prejuicios malintencionados y falsos que algunos promueven.

PRIMERO, que nadie con educación pone en cuestion la moral, tolerancia y educación de la Iglesia de Jesucristo, que se aleja completamente de cualquier comportamiento sectario.

SEGUNDO, que nuestras enseñanzas son un ejemplo de lucha contra el abuso infantil.

Vean en artículo y piensen por sí mismos.

Que Dios les bendiga.




El simposio de Harvard para la prevención del abuso sexual infantil comparte 2 discursos de la conferencia general en el sitio web

por  | 12 de abril de 2021



Se compartieron dos discursos de la conferencia general más reciente de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días en el sitio web del simposio Fe y florecimiento: Estrategias para prevenir y curar el abuso sexual infantil de Harvard ¿Cuáles fueron las dos charlas? “ Not as the world Giveth ” del élder Jeffrey R. Holland y “ Essential Conversations ” de la hermana Joy D. Jones .   


El simposio, que tuvo lugar el 8 de abril de 2021, busca brindar a los participantes “una oportunidad única de interactuar con académicos, profesionales de la salud pública y de la salud mental, expertos en prevención del abuso infantil y líderes religiosos de diversas tradiciones religiosas para compartir experiencias, descubrir nuevos recursos e identificar estrategias que puedan implementar para prevenir el abuso sexual infantil y fomentar la curación de los sobrevivientes de abuso en sus comunidades ”. 


Los dos discursos de la conferencia general se compartieron junto con otros siete videos de líderes de varias religiones. Entonces, ¿qué tenían estas dos charlas para contribuir a la conversación?  


La hermana Jones, quien fue relevada como Presidenta General de la Primaria durante la última conferencia general, dijo sobre los niños : “[Nuestro Padre Celestial] confía en que los valoremos, los respetemos y los protejamos como hijos de Dios. Eso significa que nunca los lastimamos física, verbal o emocionalmente de ninguna manera, incluso cuando las tensiones y presiones aumentan. En cambio, valoramos a los niños y hacemos todo lo posible para combatir los males del abuso. Su cuidado es primordial para nosotros, como lo es para Él ". 




El élder Holland habló sobre varias formas de abuso en su discurso cuando dijo :  

O quizás veamos otras formas de abuso o indignidad. Cuán doblemente cuidadosos debemos ser como discípulos del Señor Jesucristo para no participar en tal comportamiento. En ningún caso seremos culpables de ninguna forma de abuso, dominio injusto o coerción inmoral, ni física, emocional, eclesiástica ni de ningún otro tipo. Recuerdo sentir el fervor del presidente Gordon B. Hinckley hace unos años cuando habló a los hombres de la Iglesia con respecto a aquellos a los que llamaba “tiranos en sus propios hogares”: 

 

“Qué fenómeno tan trágico y absolutamente repugnante es el abuso de la esposa”, dijo. “Cualquier hombre en esta Iglesia que abusa de su esposa, que la degrada, que la insulta, que ejerce un dominio injusto sobre ella, no es digno de poseer el sacerdocio. [Él] no es digno de tener una recomendación para el templo ". Igualmente despreciable, dijo, era cualquier forma de abuso infantil, o cualquier otro tipo de abuso. 

 

En demasiados casos, hombres, mujeres e incluso niños que de otra manera serían fieles pueden ser culpables de hablar de manera descortés, incluso destructiva, a aquellos a quienes bien podrían estar sellados por una ordenanza santa en el templo del Señor. Todos tienen derecho a ser amados, a sentirse en paz y a encontrar seguridad en el hogar. Por favor, intentemos mantener ese ambiente allí. La promesa de ser un pacificador es que tendrás el Espíritu Santo como tu compañero constante y las bendiciones fluirán hacia ti “sin medios obligatorios” para siempre. Nadie puede emplear una lengua afilada o palabras desagradables y aún así "cantar la canción del amor redentor".  

Acceda a los otros recursos de Harvard haciendo clic aquí .  

Imagen principal: Intellectual Reserve, Inc. 
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Desechar los escombros de nuestra vida.... SUD - LDS . mormones.


 

La semana pasada, el primer discurso del Profeta viviente en la Conferencia Semestral nos puso el ejemplo de los escombros que algunos edificios acumulan en sus cimientos y que pueden poner en peligro su estabilidad, a semejanza de algunos hechos, comportamientos o circunstancias de nuestro pasado, que si no hemos arreglado, pueden poner en peligro nuestra estabilidad actual.



Enseguida me vino a la mente un maravilloso discurso del Profeta Kimball de hace muchos años, que recordó hace menos el Profeta Monson y que cuenta una historia maravillosa sobre este mismo principio y que pueda ayudarnos a resolver los viejos problemas que arrastramos en nuestra vida.


Esta vieja historia, espero pueda enriquecer sus vidas y ayudarles en su camino a la eternidad....


Que Dios los bendiga.






En abril de 1966, durante la conferencia general anual de la Iglesia, el élder Spencer W. Kimball (1895–1985), del Quórum de los Doce Apóstoles, dio un discurso memorable en el que compartió un relato escrito por Samuel T. Whitman titulado Las cuñas olvidadas. También yo quiero hoy citar el relato de Samuel T. Whitman y después compartir ejemplos de mi propia vida.

Whitman escribió: “[Ese invierno] la tormenta de hielo no había sido muy destructiva. Cierto es que se habían caído algunos cables eléctricos y que había en la carretera más accidentes que de costumbre… En circunstancias normales, el enorme nogal habría podido sostener sin problemas el peso que se había creado en sus ramas; fue la cuña de hierro incrustada en su corazón la que provocó el daño.

“La historia de la cuña de hierro tuvo su origen varios años antes, cuando el hoy canoso agricultor [que ahora vivía en esa propiedad donde había estado el árbol] era un jovencito que crecía en el hogar de su padre. En aquel entonces, el aserradero había sido trasladado recientemente del valle y los pobladores del lugar aún encontraban herramientas y piezas sueltas del equipo tiradas por todas partes…

“Ese día en particular, [el muchacho había encontrado] una cuña de leñador, ancha, chata y pesada, de unos 30 centímetros de largo y bastante gastada por los golpes que había recibido. [La cuña de leñador se utilizaba para ayudar a derribar un árbol; ésta se colocaba en una hendidura hecha con una sierra y después se le golpeaba con fuerza con un mazo de hierro a fin de ensanchar el corte]… Como se le había hecho tarde para la cena, el joven colocó la cuña… entre las ramas del tierno nogal que su padre había plantado cerca del portón de la entrada y pensó en llevarla al depósito después de la cena o en algún otro momento que pasara por allí.

“De verdad tuvo la intención de hacerlo, pero nunca lo hizo. [La cuña] estaba todavía allí, un poco apretada por las ramas, cuando él se hizo hombre. Seguía allí, ahora firmemente encajada, cuando él se casó y se hizo cargo de la granja de su padre. Estaba casi incrustada aquel día en que los peones que trabajaban en la trilla comieron a la sombra del árbol… Clavada y olvidada, la cuña todavía permanecía allí cuando azotó la tormenta de granizo.

“En el helado silencio de aquella noche de invierno… una de las tres ramas principales se quebró y cayó a tierra. Eso causó que el resto de la copa del árbol perdiera su estabilidad y se desplomara también. Después de la tormenta, no quedaban vestigios de lo que una vez había sido un hermoso árbol.

“Al día siguiente, bien temprano, el agricultor salió a lamentar su pérdida…

“Entonces, sus ojos vieron algo en medio de aquel desastre: ‘La cuña’, musitó con tono de reproche, ‘la cuña que encontré en los pastos del sur’. Una rápida mirada le hizo darse cuenta de por qué se había caído el árbol. Incrustada en el tronco, la cuña había impedido que las fibras de las ramas se entrelazaran como era de esperar”1.




Las cuñas de nuestra vida


Existen cuñas escondidas en la vida de muchas personas que conocemos; sí, quizás hasta en nuestra propia familia.

Quisiera compartir con ustedes el relato de un amigo de siempre que ya ha partido de la vida terrenal. Se llamaba Leonard y no era miembro de la Iglesia, aunque su esposa y sus hijos sí lo eran. Su esposa prestó servicio como presidenta de la Primaria; su hijo sirvió honorablemente en una misión; y tanto su hija como su hijo contrajeron matrimonio con sus parejas en ceremonias solemnes y criaron sus propias familias.

Como yo, todo el que conocía a Leonard lo apreciaba. Él apoyaba a su esposa y a sus hijos en las asignaciones de la Iglesia y asistía con ellos a muchas actividades organizadas por ésta. Llevó una vida buena y limpia, sí, una vida de servicio y de bondad. Su familia y en realidad muchas otras personas se preguntaban por qué Leonard había pasado por esta vida terrenal sin las bendiciones que el Evangelio brinda a sus miembros.

Durante sus últimos años, la salud de Leonard se deterioró y finalmente tuvo que ser hospitalizado; su vida se consumía poco a poco. En la que sería mi última conversación con él, me dijo: “Tom, te conozco desde que eras niño y creo que debo explicarte por qué nunca me uní a la Iglesia”. Me contó entonces algo que les había sucedido a sus padres y que había tenido lugar muchísimos años antes. Muy a su pesar, la familia había llegado a un punto en el que se vio en la necesidad de vender su granja. Alguien les hizo una oferta que aceptaron pero, después, un vecino les pidió que le vendieran la granja a él —aunque a menos precio— y agregó: “Hemos sido tan amigos que si pudiera ser dueño de la propiedad, la cuidaría bien”. Al final, los padres de Leonard accedieron y vendieron la granja. El comprador —su vecino— tenía un cargo de responsabilidad en la Iglesia y la confianza que ese hecho implicaba persuadió a la familia a vendérsela a él, a pesar de no recibir tanto dinero como hubiera sucedido si se la hubieran vendido al primer comprador interesado en comprarla. Poco después de realizada la venta, el vecino vendió tanto su propia granja como la que había comprado a la familia de Leonard como si ambas fueran una sola propiedad, lo que incrementó su valor y, en consecuencia, el precio final de venta. La antigua interrogante de por qué Leonard nunca se había unido a la Iglesia por fin había quedado al descubierto: Siempre pensó que se había engañado a su familia.

Al término de la conversación, me contó que sentía que por fin se había librado de un gran peso al prepararse para encontrarse con su Hacedor. La tragedia es que una cuña escondida había impedido que Leonard se remontara a alturas más elevadas.



Optemos por amar


Conozco a una familia que llegó a los Estados Unidos procedente de Alemania. El idioma inglés les resultaba difícil y no poseían muchos bienes materiales, pero cada integrante de la familia fue bendecido con voluntad para trabajar y con amor por Dios.

Nació su tercer hijo, pero falleció al cabo de tan sólo dos meses. El padre, que era ebanista, hizo un hermoso ataúd para el cuerpo de su precioso hijo. El día del funeral fue sombrío, lo cual contribuía a la tristeza que sus seres queridos sentían por la pérdida sufrida. Mientras la familia caminaba hasta la capilla, con el padre portando el pequeño ataúd, se había congregado un pequeño número de amigos. Sin embargo, la puerta del centro de reuniones estaba cerrada con llave. El ocupado obispo se había olvidado del funeral y los intentos de ponerse en contacto con él resultaron inútiles. Sin saber qué hacer, el padre se colocó el ataúd bajo el brazo y, junto con su familia, regresó a casa caminando bajo una lluvia torrencial.

Si los miembros de esa familia hubieran tenido menos carácter, habrían culpado al obispo y habrían albergado cierto resentimiento. Cuando el obispo descubrió la tragedia, visitó a la familia y se disculpó; y con el dolor todavía evidente en su semblante, pero con lágrimas en los ojos, el padre aceptó la disculpa y los dos se abrazaron con espíritu de comprensión. No quedó ninguna cuña escondida que causara más sentimientos de enojo. Prevalecieron el amor y la tolerancia.




El simbolo de la Crucifixión de Cristo para los SUD - LDS - mormones




En estas próximas fechas todos los cristianos recordaremos el sacrificio expiatorio de Nuestro Señor Jesucristo, que murió por cada uno de nosotros.

Sin embargo, como Santos de los Últimos Días no utilizamos el símbolo de la cruz, incluso muchas veces, lo rechazamos como algo negativo y nos volvemos algo extremistas al respecto.

Mucho mas allá de la idolatría y el fanatismo que algunos atribuyen al simbolo de la cruz de Cristo, lo que esta representa no es nada malo ni reprochable, sino debemos ver su valor y sentido, en un amplio abanico de la simbologia del amor de Dios por sus hijos.

Por lo tanto, no juzguemos ni condenemos algo con lo que, en buena y razonable perspectiva, sin caer en exageraciones, puede recordarnos el sacrificio de nuestro Señor.

En el siguiente artículo, se explican muy bien y con las Escrituras, todos estos principios.

Que Dios les bendiga.






¿Los Santos de los Últimos Días restan valor a la importancia de la crucifixión de Cristo?

de  | 17 de marzo de 2021



Una tarde calurosa, estaba en una colina con vistas a la frontera entre Siria e Israel. Mi familia se había mudado recientemente a Jerusalén, donde estaría enseñando durante un año en el Centro de Jerusalén de la Universidad Brigham Young, y había viajado con algunos colegas para prepararme para una serie de futuras excursiones. Mientras bajábamos la colina, hablamos de cómo algunos Santos de los Últimos Días restan importancia a la importancia de la crucifixión de Cristo. Entonces no lo sabía, pero esta conversación me lanzaría a un proceso de descubrimiento que cambiaría para siempre mi forma de pensar y sentir sobre la expiación del Salvador. Quiero compartir algunas de las preguntas que hice y busqué responder como parte de este viaje.


 ¿Qué enseñan las Escrituras y los líderes de la Iglesia acerca de dónde expió Cristo nuestros pecados?

Mi amigo Anthony Sweat, quien también es profesor en BYU, y yo recientemente le pregunté a unos 800 miembros adultos de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días la siguiente pregunta: "¿Dónde diría que Jesucristo expió principalmente nuestros pecados?

A. En el huerto de Getsemaní

B. En la cruz del Calvario

C. Igualmente en Getsemaní y en el Calvario

Como responderías esta pregunta? La mayoría de los encuestados, el 58 por ciento, eligió solo Getsemaní, el 40 por ciento eligió Getsemaní y el Calvario, y el 2 por ciento eligió solo el Calvario.

Aunque la mayoría de las personas en esta encuesta se centró en Getsemaní, las Escrituras y los profetas modernos enfatizan más el sacrificio de Cristo en el Calvario. Si bien al menos dos poderosos pasajes de las Escrituras enseñan que Cristo sufrió por nuestros pecados en Getsemaní, más de 50 versículos vinculan específicamente la muerte de Cristo con nuestra salvación.  Por ejemplo, al comienzo del Libro de Mormón, Nefi testificó que Cristo fue “ inmolado por los pecados del mundo”, y cuando Jesús se apareció a los nefitas, dijo: “Mi padre me envió para que pudiera ser  exaltado sobre la cruz. para atraer a todas [las personas] a mí ”( 1 Nefi 11:33 , 3 Nefi 27:14, énfasis añadido). José Smith y los líderes de la Iglesia moderna han enseñado colectivamente acerca de la naturaleza salvadora de la muerte de Cristo con mucha más frecuencia que Sus sufrimientos en Getsemaní. Lo que es más significativo para mí es el énfasis personal del Salvador en el Calvario. En una ocasión, habla directamente de lo que sucedió en Getsemaní; en contraste, Cristo personalmente se refiere a Su muerte más de 20 veces. En otras palabras, Él mismo enfatiza Su crucifixión. Esto no significa que Getsemaní no sea importante; significa que algunos de nosotros nos beneficiaremos al enfocarnos más en el Calvario que en el pasado.

Las Escrituras y los líderes de la Iglesia enseñan repetidamente que nuestro Padre Celestial y Jesucristo manifestaron Su amor por nosotros mediante la muerte del Salvador. Pablo declaró: “Dios recomienda su amor a ambos, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” ( Romanos 5: 8 ; véase también 1 Juan 4: 9–10 ).

Además de mostrarnos el amor de Dios, la crucifixión demuestra el amor personal de Cristo por cada uno de nosotros. Jesús enseñó: "Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos" ( Juan 15:13 ). Note que Jesucristo mismo definió personalmente Su crucifixión como Su mayor acto de amor . Algunas personas se alejan de la crucifixión de Cristo porque quieren centrarse exclusivamente en "el Cristo viviente". Creemos en el Cristo viviente; también creemos en el Cristo amoroso , y Cristo nos manifestó Su amor en la cruz. Al comprender más plenamente la muerte del Salvador, sentiremos cada vez más Su amor y seremos capaces de compartirlo con los demás.


¿Por qué no usamos la cruz como símbolo?

Si le preguntaras a un miembro de la Iglesia por qué nuestras iglesias no tienen cruces, probablemente diría: “Porque adoramos al Cristo viviente”, haciéndose eco de una declaración hecha por el presidente Gordon B. Hinckley en 1975. Si bien eso es ciertamente cierto, hay factores adicionales a considerar. Primero, desde una perspectiva histórica, cuando José Smith organizó la Iglesia en 1830, las iglesias protestantes no usaban cruces en su arquitectura y las iglesias católicas eran relativamente escasas. En otras palabras, José Smith no decidió que la cruz fuera mala; simplemente no formaba parte de su medio cultural. Las cruces se convirtieron en una característica común en las iglesias cristianas en Estados Unidos entre 1840 y 1870, un período de tiempo en el que la Iglesia estuvo mayormente aislada en Utah.

En 1916, el Presidente de la Iglesia aprobó colocar una gran cruz en Ensign Peak. Aunque esta propuesta fue posteriormente archivada, el hecho de que fuera aprobada por el profeta indica que él veía el símbolo de la cruz con una luz positiva. Otra evidencia de este período de tiempo indica que el símbolo de la cruz no era tabú en la Iglesia. Y aunque la Iglesia ha optado institucionalmente por no enfatizar la cruz en su arquitectura, ningún líder de la Iglesia ha prohibido públicamente llevar o exhibir cruces. En otras palabras, el significado del símbolo visual de la cruz es más cultural que doctrinal.

Casi todos los cristianos creen que Cristo murió por nuestros pecados. Para muchos, la cruz representa su fe en Jesucristo. Si los Santos de los Últimos Días se enfocan en la cruz exclusivamente como una representación de un Cristo moribundo, esto puede llevar a herir sentimientos; después de todo, los símbolos son multifacéticos. Eric Huntsman, profesor de escrituras antiguas en la Universidad Brigham Young, relató la siguiente historia:

Recuerdo haberme sorprendido una vez cuando a. Un amigo presbiteriano me corrigió cuando le dije que preferíamos adorar a un Cristo vivo que a un Cristo muerto; ella respondió que ella también. La cruz les recordó a los protestantes que Jesús murió por sus pecados, pero estaba vacía porque Él había resucitado y ya no estaba allí. Me reprendió su respuesta, al darme cuenta de que así como no apreciamos que otros caractericen erróneamente nuestras creencias, tampoco debemos presumir de entender o tergiversar las creencias y prácticas de los demás. 2

En algunos casos, los nuevos conversos o aquellos que están aprendiendo acerca de la Iglesia son tratados de manera inapropiada cuando usan o exhiben una cruz. Una mujer llamada Kendall compartió conmigo la siguiente historia:

Crecí asistiendo a una iglesia luterana. Como ocurre con la mayoría de las iglesias protestantes, la cruz era un símbolo central y venerado. Cuando conocí La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, aprendí sobre el sufrimiento que Cristo experimentó en Getsemaní, lo que contribuyó enormemente a mi comprensión de la expiación de Jesucristo.

Me mudé a Utah para asistir a BYU una semana después de bautizarme. Regularmente usaba un collar con un pequeño colgante de cruz que me había regalado mi abuela. En el campus, tuve algunas experiencias en las que los estudiantes. Pensé que no era miembro, probablemente por mi collar. Uno de mis amigos incluso me pidió que dejara de usar el collar.

Sé que el Salvador sufrió por mis pecados en Getsemaní y en la cruz. He dudado en compartir mis pensamientos y experiencias sobre esto, siempre preguntándome si mi testimonio de la expiación de Jesucristo no es suficiente porque tengo un equilibrio diferente entre Getsemaní y Su crucifixión.

Qué trágico que Kendall cuestione si su testimonio de la expiación de Jesucristo es suficiente porque aprecia tanto el Huerto de Getsemaní como la Crucifixión de Cristo. Estoy agradecida de que se haya mantenido firme en su compromiso con la Iglesia de Jesucristo, pero me pregunto cuántos visitantes o conversos recientes se han ido debido a comentarios innecesarios sobre la cruz.

Cuando miramos la historia de la imagen de la cruz, vemos que a lo largo de los siglos de cristianismo, e incluso a lo largo de las décadas en la Iglesia, la imagen de la cruz ha significado cosas diferentes para diferentes personas. El apóstol Pablo escribió que se glorió “en la cruz” y dijo: “La predicación de la cruz. es el poder de Dios ”( Gálatas 6:14 , 1 Corintios 1:18). Hoy en día, algunos pueden optar por usar o exhibir imágenes de la cruz o la crucifixión para recordar o enseñar a sus hijos el amor de Cristo, mostrado a través de Su sacrificio expiatorio. Otros prefieren evitar las imágenes relacionadas con la muerte de Cristo y, en cambio, centrarse en otros símbolos que les recuerdan la expiación del Salvador. De cualquier manera, en lugar de juzgar las acciones de los demás, todos podemos atesorar la doctrina de que Jesucristo fue, en Sus propias palabras, “crucificado por los pecados del mundo” ( Doctrina y Convenios 53: 2 ).


¿Es malo mirar imágenes de la crucifixión de Cristo?

Cuando mis hijos eran más pequeños, a veces hojeaba el Libro de obras de arte del Evangelio con ellos. Uno de mis hijos siempre estuvo interesado en la imagen de la crucifixión de Cristo, pero yo me sentía incómodo con la imagen y trataba de pasarla por alto. Creo que muchos Santos de los Últimos Días tienden a evitar la imagen de Cristo en la cruz. 

Me sorprendió saber que los profetas antiguos y el Salvador mismo nos han mandado contemplar esta imagen. Mormón le escribió a su hijo Moroni: “Que los sufrimientos y la muerte [de Cristo] descansa en tu mente para siempre ”( Moroni 9:25 , cursiva agregada). De manera similar, Jacob escribió: “Quisiéramos a Dios que pudiéramos persuadir a todos [a]. .creer en Cristo, y ver su muerte , y sufrir su cruz ”( Jacob 1: 8 , énfasis agregado).

Estas palabras de los profetas del Libro de Mormón se vuelven aún más impactantes cuando consideramos lo que Jesucristo ha revelado directamente en nuestros días. En Doctrina y Convenios 6:36 , el Salvador dice: “Mírame en todo pensamiento; no dudes, no temas. " Inmediatamente después de decirnos que lo miremos, Jesús manda: “He aquí [que significa“ fijad vuestros ojos en ” 3 ], las heridas que traspasaron mi costado, y también las huellas de los clavos en mis manos y pies” ( Doctrina y Convenios 6). : 37 ). En nuestros días, el Cristo viviente nos ha invitado personalmente a fijar nuestros ojos en las heridas de su crucifixión.

Esto no significa que debamos mirar constantemente las imágenes de la muerte del Salvador, pero algunos de nosotros se beneficiarán al meditar en esas imágenes. Ver a Cristo en la cruz puede evocar sentimientos de tristeza en los que aman a Jesús; sin embargo, también puede traer sentimientos de paz, gozo y esperanza al recordar “el triunfo y la gloria del Cordero, que fue inmolado” ( Doctrina y Convenios 76:39 ).

El presidente James E. Faust enseñó: “Cualquier aumento en nuestro entendimiento del sacrificio expiatorio [de Cristo] nos acerca más a Él”. 4 Entender mejor cualquier aspecto de la expiación del Salvador, incluida Su crucifixión, puede profundizar nuestra relación con Él. El regalo de nuestro Redentor del Gólgota, que Él definió como Su mayor acto de amor, es uno que podemos atesorar en nuestros corazones.


Lea más sobre el lugar de la cruz en las creencias de los Santos de los Últimos Días y el poder de la crucifixión de Cristo en Considerar la cruz: cómo el Calvario nos conecta con Cristo , disponible en las librerías Deseret y en deseretbook.com . También puede encontrar más información en johnhiltoniii.com/crucifixion o en Instagram: @TheLovingChrist  y Facebook: @authorjohnhiltoniii .


Notas:

  1. Véase John Hilton III, Considering the Cross , o johnhiltoniii.com/crucifixion.
  2. Eric D. Huntsman, “Predicando a Jesús y a él crucificado”, en Su Majestad y Misión, ed. Nicholas J. Frederick y Keith J. Wilson, 73.
  3. American Dictionary of the English Language  (diccionario Webster de 1828), sv “behold”, consultado el 6 de julio de 2020, webstersdictionary1828.com/dictionary/behold.
  4. James E. Faust, “La expiación: nuestra mayor esperanza” Liahona , noviembre de 2001, pág. 18.
Imágenes cortesía de Megan Cutler
Foto de la facultad john hilton

John Hilton III

John Hilton III nació en San Francisco y creció en Seattle. Sirvió en una misión en Denver y obtuvo una licenciatura de la Universidad Brigham Young. Mientras estuvo allí, conoció a su esposa Lani y tienen seis hijos. Han vivido en Boise, Boston, Miami, México, Jerusalén y China. Actualmente, viven en Utah. John tiene una maestría de Harvard y un doctorado de BYU, ambos en Educación. John es profesor de educación religiosa en BYU.

John ha publicado varios libros con Deseret Book, incluido El fundador de nuestra paz . A John le gusta hablar en la Semana de la Educación y en muchos otros eventos. Su investigación sobre educación ha influido en la política tanto en los Estados Unidos como a nivel internacional. A John le encanta estar con su familia, hacer trabajo humanitario, aprender chino y hacer magia.

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