Mormones y críticos 8. Racismo


Una de las críticas mas habituales en contra de la Iglesia es que es racista, porque se le ha negado durante un tiempo el Sacerdocio a los hombres negros, y aunque, aparentemente pueda parecer así, veamos lo que sucede en realidad y comprendamos el porqué de las circunstancias.

En primer lugar, no hay una Escritura que sostenga la primacía blanca sobre la negra en ningún lado, de hecho, todo lo contrario, leamos en el Libro de Mormón.

2 Nefi 26

33 Porque ninguna de estas iniquidades viene del Señor, porque él hace lo que es bueno entre los hijos de los hombres; y nada hace que no sea claro para los hijos de los hombres; y él invita a todos ellos a que vengan a él y participen de su bondad; y a nadie de los que a él vienen desecha, sean negros o blancos, esclavos o libres, varones o mujeres; y se acuerda de los paganos; y todos son iguales ante Dios, tanto los judíos como los gentiles.


Por lo tanto, no ha lugar a pensar que los santos de los últimos días sean racistas en ninguna manera, no obstante, se les retuvo una bendición en cuanto al Sacerdocio y eso es otro tema completamente distinto que trataré de explicar en este artículo.

Quiero distinguir estos dos aspectos, porque son importantes, y el distinguirlo nos puede dar una idea de lo que quiero transmitir. 

De la misma manera, viendo algunos pasajes en los Evangelios, podríamos tildar al Maestro de racista o xenófobo, ya que hay relatos en los que aparentemente podría ser calificado de esta manera. Veamos un ejemplo.

Mateo 15


 22 Y he aquí una mujer cananea que había salido de aquellos alrededores clamaba, diciéndole: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí! Mi hija es gravemente atormentada por un demonio.
 23 Pero él no le respondió palabra. Entonces, acercándose sus discípulos, le rogaron, diciendo: Despídela, pues da voces tras nosotros.
 24 Y él, respondiendo, dijo: No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel.
 25 Entonces, ella vino y se postró ante él, diciendo: ¡Señor, socórreme!
 26 Y respondiendo él, dijo: No está bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos.
 27 Y ella dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus señores.
 28 Entonces, respondiendo Jesús, le dijo: Oh mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieres. Y su hija quedó sanada desde aquella hora.


Aunque Jesús la ignora,  los discípulos querían despedirla y Cristo le dijo que no era correcto sanar a su hija porque solo ministraba al pueblo de Israel,  la insistencia y la fe de la mujer cananea (extranjera para los judíos), fue elogiada por ello y Cristo le concedió el milagro, lo que podría llevarnos al error, tal como en estos días sucedió con el Sacerdocio y la raza.

Analicemos algunas de las conductas de los primeros Santos para comprobar que no había un ápice de racismo en su doctrina y conducta, sino más bien, todo lo contrario.



Para no extenderme mucho, haré un breve resumen que puedo ampliar y justificar.

Los primeros Santos eran abolicionistas, no apoyaban la esclavitud y la criticaban, cosa que fue una de las causas de la persecución y expulsión en 1833 y 1838, del Estado de Misuri, estado esclavista y que vió en el aumento del numero de santos en su territorio, una amenaza para mantener legal la esclavitud.

Asimismo, José Smith, en su candidatura a la presidencia de Estados Unidos en 1844, llevaba en su programa la abolición de la esclavitud, con una interesante propuesta que evitaría el desastre económico y el enfrentamiento, cosa que, lamentablemente no sucedió.

En los primeros días de la Iglesia no se produjo ninguna discriminación por la raza y se ordenó al Sacerdocio a varios conversos afroamericanos. Solo es hasta 1852 en que Brigham Young anunció la restricción del Sacerdocio, sin ninguna explicación adicional, la cual se mantuvo hasta 1978.

Sin embargo, esto no supuso el rechazo o maltrato de ellos, viviendo una pequeña comunidad en Utah con los mismos derechos que los demás, siendo algunos prósperos ciudadanos del Estado, en un futuro publicaré alguna de sus historias y testimonios.

Asimismo nunca hubo segregación religiosa, es decir, no hubieron solo congregaciones para negros.

El porqué de la restricción en 1852 es un misterio, puesto que no hay ninguna evidencia del motivo. Se ha investigado y serenamente la Iglesia ha reconocido que no hay ninguna explicación al respecto, solo la promesa de que algún día recibirían todas las bendiciones.


De igual manera que sucedió con el pueblo de Israel, a 11 tribus se les negó el privilegio de poseer el Sacerdocio, quedando reservado éste solo para la Tribu de Leví ( Josué 18: 7 ).

Frente a lo que se dice por los críticos que ésta información se escondía antes de 1978, yo, que fui bautizado en 1976, recibí toda la información de las misioneras que me enseñaron, aceptándolo por la promesa de que algún día sería revocada la restricción, cosa que ocurrió antes de dos años, para mi regocijo y felicidad.

La Iglesia ha publicado un buen y sincero artículo al respecto que explica ampliamente este tema y que les acompaño a continuación, pero recuerden, no es lo mismo racismo que limitación de bendiciones por un tiempo determinado, y sobre todo, lo hermoso de una Iglesia que se guía por revelación divina y que aún confía en recibir nuevas bendiciones de los cielos.




La raza y el sacerdocio

En teología y en la práctica, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días acoge a a toda la familia humana. Las Escrituras y las enseñanzas de los Santos de los Últimos Días afirman que Dios ama a todos Sus hijos y que hace que la salvación esté disponible para todos. Dios creó las muchas diversas razas y etnias y ama a todos por igual. Como lo explica el Libro de Mormón, “todos son iguales ante Dios”1.
La estructura y la organización de la Iglesia fomentan la integración racial. Los Santos de los Últimos Días asisten a las reuniones de la Iglesia de acuerdo con los límites geográficos del barrio o congregación que les corresponda. Por definición, esto significa que la composición racial, económica y demográfica de las congregaciones mormonas por lo general refleja la más amplia de la comunidad que las rodea2. El gobierno laico de la Iglesia también tiende a facilitar la integración: es posible que un obispo de raza negra presida una congregación en su mayoría blanca, o que una mujer hispana sea compañera de una asiática para visitar los hogares de miembros de diversas razas. Los miembros de la Iglesia de distintos grupos étnicos se cuidan unos a otros con regularidad en sus respectivos hogares y prestan servicio juntos como maestros, como líderes de la juventud y en otras innumerables asignaciones que reciben en su congregación. Tales prácticas hacen que La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días sea una religión totalmente integrada.
A pesar de esta realidad moderna, durante mucho de su historia —desde mediados de 1800 hasta 1978— la Iglesia no ordenó al sacerdocio a hombres de ascendencia africana negra, ni permitió a hombres ni a mujeres de la raza negra participar en la investidura del templo ni en las ordenanzas selladoras.
La Iglesia se estableció en 1830, durante una era de gran división racial en los Estados Unidos. En esa época, muchas personas de ascendencia africana vivían en esclavitud, y las distinciones y el prejuicio raciales no sólo eran comunes sino habituales entre los estadounidenses de raza blanca. Dichas realidades, aunque nos parecen extrañas y perturbadoras hoy en día, influyeron en todos los aspectos de la vida de las personas, incluso en su religión. Por ejemplo, muchas iglesias cristianas de esa época fueron segregadas debido a su pasado racial. Desde el inicio de la Iglesia, las personas de toda raza y origen étnico podían bautizarse y eran recibidas como miembros. Al acercarse al final de su vida, el fundador de la Iglesia, José Smith, se opuso abiertamente a la esclavitud. Nunca ha habido en toda la Iglesia una norma de segregar congregaciones3.
Durante las dos primeras décadas de existencia de la Iglesia se ordenó al sacerdocio a algunos hombres de raza negra. Uno de ellos, Elijah Abel, también participó en las ceremonias del templo en Kirtland, Ohio, y más tarde se bautizó como representante de familiares fallecidos en Nauvoo, Illinois. No hay evidencia de que durante la vida de José Smith se le haya negado el sacerdocio a ningún hombre negro.
En 1852, el presidente Brigham Young anunció públicamente que los hombres descendientes de africanos negros ya no podrían ser ordenados al sacerdocio; sin embargo, a partir de entonces, hubo personas negras que se unieron a la Iglesia mediante el bautismo y recibieron el don del Espíritu Santo. Después de la muerte de Brigham Young, los presidentes de la Iglesia que le siguieron restringieron a las personas de raza negra de recibir la investidura y de casarse en el templo. Con el tiempo, los miembros y líderes de la Iglesia propusieron muchas teorías para explicar esas restricciones con respecto al sacerdocio y al templo. Ninguna de esas explicaciones se acepta en la actualidad como doctrina oficial de la Iglesia.

La Iglesia en una cultura racial estadounidense

La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días se restauró en medio de una cultura racial muy contenciosa, en la que los blancos gozaban de grandes privilegios. En 1790, el Congreso de Estados Unidos limitó la ciudadanía a “las personas blancas libres”4. Durante el medio siglo siguiente, los problemas de raza dividieron el país: mientras que la esclavitud era legal en el sur, una región más agraria, con el tiempo se abolió en el norte, una región más urbanizada. Aun así, la discriminación racial se extendía tanto en el norte como en el sur, y muchos estados habían implementado leyes que prohibían el matrimonio interracial5. En 1857, la Corte Suprema de Estados Unidos decretó que las personas de raza negra no poseían “los mismos derechos que el hombre blanco tenía obligación de respetar”6. Pasada una generación después de la Guerra Civil (1861–1865) se llegó al fin de la esclavitud en los Estados Unidos; la Corte Suprema decretó que las instalaciones para negros y blancos, “separados pero iguales”, eran constitucionales, una decisión que legalizó una cantidad de restricciones en contra de la gente de color, hasta que el tribunal la revocó en 19547.
En 1850, el Congreso de Estados Unidos creó el Territorio de Utah, y el presidente de la nación designó a Brigham Young gobernador del territorio. Los del sur que se habían convertido a la Iglesia y emigrado a Utah con sus esclavos plantearon la cuestión del estado legal de la esclavitud en el territorio. En dos discursos pronunciados antes de la Asamblea Legislativa territorial de Utah en enero y febrero de 1852, Brigham Young anunció una norma en la que se restringía la ordenación al sacerdocio para los hombres descendientes de africanos negros. Al mismo tiempo, el presidente Young dijo que en un día futuro, los miembros de raza negra de la Iglesia “tendrían [todo] el privilegio, y aún más” del que disfrutaban los demás miembros8.
Las justificaciones de esa restricción hacían eco de las extendidas ideas que existían de inferioridad racial y que se habían empleado para argüir en favor de la legalización de la “servidumbre” de negros en el Territorio de Utah9.
De acuerdo con un punto de vista, que se había promulgado en Estados Unidos desde por lo menos la década de 1730, los negros descendían del linaje de Caín, el personaje bíblico que asesinó a su hermano Abel10. Los que aceptaban esa idea creían que la “maldición” que Dios puso sobre Caín era la marca de una piel oscura. La servidumbre de los negros se consideraba a veces una segunda maldición sobre Canaán, nieto de Noé, como resultado de la indiscreción de Cam hacia su padre11. Aun cuando la esclavitud no era un factor importante en la economía de Utah y se abolió al poco tiempo, la restricción en las ordenaciones del sacerdocio continuaron.

Se suspende la restricción

Hasta después de 1852, por lo menos dos mormones negros siguieron poseyendo el sacerdocio. En 1879, cuando uno de aquellos hombres, Elijah Abel, hizo una petición para recibir su investidura del templo, se le negó la solicitud. Jane Manning James, miembro fiel y de raza negra que atravesó las llanuras y vivió en Salt Lake City hasta su muerte, ocurrida en 1908, también solicitó entrar al templo; se le permitió efectuar bautismos por los muertos, por sus antepasados, pero no participar en otras ordenanzas12. La maldición de Caín se mencionaba a menudo como justificación de las restricciones con respecto al sacerdocio y al templo. Alrededor de los años 1900 empezó a difundirse otra explicación: se decía que la gente de raza negra no habían sido valientes en la batalla preterrenal contra Lucifer y que, como consecuencia, se les negaban las bendiciones del sacerdocio y del templo13.
En la última parte de la década de 1940 y durante la de 1950, la integración racial empezó a ser cada vez más común en el país. David O. McKay, Presidente de la Iglesia, hizo hincapié en que la restricción se aplicaba solamente a los descendientes de negros africanos. La Iglesia siempre había permitido a los isleños del Pacífico poseer el sacerdocio, y el presidente McKay aclaró que los varones de raza negra de Fiji y los aborígenes australianos también podían ser ordenados al sacerdocio e instituyó la obra misional entre ellos. En Sudáfrica, el presidente McKay dejó sin efecto una norma anterior por la que se requería que los candidatos a recibir el sacerdocio pudieran trazar su linaje fuera de África14.
No obstante, dada la larga historia de restricción del sacerdocio para los hombres descendientes de africanos negros, los líderes de la Iglesia pensaron que, a fin de cambiar esa norma, era preciso recibir una revelación de Dios, e hicieron esfuerzos continuos por entender lo que debía hacerse. Después de orar pidiendo guía, el presidente McKay no recibió la impresión de anular la prohibición15.
Al extenderse la Iglesia por todo el mundo, su grandiosa misión de ir “y hace[r] discípulos a todas las naciones”16 parecía cada vez más incompatible con las restricciones del sacerdocio y del templo. El Libro de Mormón declara que el mensaje de salvación del Evangelio debe ir “a toda nación, tribu, lengua y pueblo”17. Mientras que no había límites en cuanto a quién invita el Señor para que “participe de su bondad” por medio del bautismo18, las restricciones del sacerdocio y del templo creaban grandes barreras, un aspecto que se hizo cada vez más evidente cuando la Iglesia comenzó a extenderse a localidades internacionales con gente de diversos orígenes y mezclas raciales.
Brasil en particular presentaba muchas dificultades. A diferencia de Estados Unidos y de Sudáfrica, donde el racismo legal y real llevó a que las sociedades fueran profundamente segregadas, Brasil se enorgullecía de su patrimonio racial abierto, integrado y mixto. En 1975, la Iglesia anunció que se iba a edificar un templo en São Paulo, Brasil. Mientras avanzaba la construcción del templo, las autoridades de la Iglesia se encontraron con fieles mormones de raza negra y de ascendencia mixta que habían contribuido económicamente y de otras maneras a la edificación del Templo de São Paulo al que comprendían que no se les permitiría entrar una vez que se hubiera terminado. Sus sacrificios, así como las conversiones de miles de nigerianos y ghaneses en las décadas de 1960 y 1970, conmovieron a los líderes de la Iglesia19 y los
llevaron a reflexionar sobre las promesas que otros profetas como Brigham Young habían hecho diciendo que los miembros de raza negra iban a recibir un día las bendiciones del sacerdocio y del templo. En junio de 1978, después de “pasar muchas horas en la sala superior del Templo [de Salt Lake] suplicando al Señor guía divina”, el Presidente de la Iglesia, Spencer W. Kimball, los consejeros de la Primera Presidencia y los miembros del Quórum de los Doce Apóstoles recibieron una revelación. “Él ha escuchado nuestras oraciones y mediante la revelación ha confirmado que ha llegado el día largamente prometido”, anunció la Primera Presidencia el 8 de junio. La Primera Presidencia declaró que eran “conscientes de las promesas hechas por los profetas y los presidentes de la Iglesia que nos precedieron” que “todos nuestros hermanos que son dignos pueden recibir el sacerdocio”20. La revelación revocó la restricción de ordenación al sacerdocio. También extendió las bendiciones del templo a todos los Santos de los Últimos Días dignos, hombres y mujeres. La declaración de la Primera Presidencia en cuanto a la revelación pasó a formar parte de las Escrituras en el libro de Doctrina y Convenios, como Declaración oficial 2.
Esta “revelación sobre el sacerdocio”, nombre por el que se le conoce comúnmente en la Iglesia, fue un suceso destacado y un acontecimiento histórico. Los que estuvieron presentes en aquella ocasión lo describieron con reverencia: Gordon B. Hinckley, entonces miembro del Quórum de los Doce, lo recordaba así: “En la sala se percibía una atmósfera de santidad y sagrada. A mí me pareció como si se hubiera abierto un conducto de comunicación entre el trono celestial y el suplicante Profeta de Dios arrodillado y rodeado de sus hermanos… Por el poder del Espíritu Santo, todos los hombres que nos hallábamos en aquel círculo sentimos y supimos la misma cosa… Ninguno de los que estábamos presentes en aquella ocasión volvió a ser la misma persona después de eso. Tampoco la Iglesia ha vuelto a ser exactamente lo mismo”21.
En todo el mundo la reacción fue inmensamente positiva entre los miembros de la Iglesia de todas las razas. Muchos Santos de los Últimos Días se echaron a llorar de gozo al enterarse de la noticia. Algunos comentaron que habían sentido como si se les hubiera quitado un peso de los hombros. La iglesia comenzó inmediatamente las ordenaciones al sacerdocio de los hombres descendientes de africanos y, por todo el mundo, mujeres y hombres de raza negra pudieron entrar al templo. Poco después de la revelación, el élder Bruce R. McConkie, un Apóstol, habló de que “luz y conocimiento” nuevos habían borrado un previo “entendimiento limitado”22.

La Iglesia en la actualidad

Actualmente, la Iglesia rechaza las teorías formuladas en el pasado de que la piel negra es una señal de desaprobación o maldición divina, o que refleja las acciones en la vida preterrenal; que los matrimonios de raza mixta son un pecado; y que las personas negras o de otra raza u origen son en modo alguno inferiores a cualquier otra persona. Hoy en día, los líderes de la Iglesia condenan en forma inequívoca todo racismo, pasado y presente, de cualquier manera que se manifieste23.
Desde ese día en 1978, la Iglesia ha mirado hacia el futuro al continuar aumentando rápidamente el número de miembros entre los africanos, los afroamericanos y otras personas de ascendencia africana. Aunque las cédulas de miembros de la Iglesia no indican la raza ni el grupo étnico de la persona, la cantidad de miembros de la Iglesia de ascendencia africana se eleva ahora a cientos de miles.
La Iglesia proclama que la redención por medio de Jesucristo está a disposición de toda la familia humana con las condiciones que Dios ha prescrito. Afirma que Dios no “hace acepción de personas”24 y declara enfáticamente que cualquier persona que sea justa, sea cual sea su raza, es favorecida por Él. Las enseñanzas de la Iglesia con respecto a los hijos de Dios se resumen en un versículo del segundo libro de Nefi: “…y a nadie de los que a él vienen desecha, sean negros o blancos, esclavos o libres, varones o mujeres… y todos son iguales ante Dios, tanto los judíos como los gentiles”25.


Materiales de consulta

  1. 2 Nefi 26:33. Véase también Hechos 10:34-3517:26Romanos 2:1110:12Gálatas 3:28.
  2. A fin de facilitar la participación de miembros de la Iglesia que no hablen la lengua dominante de la zona en que viven, algunas congregaciones están organizadas entre los hablantes de la misma lengua (como español, mandarín o tongano). En tales casos, los miembros pueden escoger a qué congregación desean asistir.
  3. En algunas épocas, que reflejaban las costumbres y leyes locales, hubo casos de congregaciones segregadas en regiones como Sudáfrica y el sur de Estados Unidos.
  4. “An Act to Establish an Uniform Rule of Naturalization”, 1erCongreso, 2ªsesión, capítulo 3, 1790.
  5. Elise Lemire, Miscegenation”Making Race in America, Philadelphia: University of Pennsylvania Press, 2002; Peggy Pascoe, What Comes NaturallyMiscegenation Law and the Making of Race in America, Nueva York: Oxford University Press, 2009. Entre 1888 y 1963, el mestizaje estaba prohibido en Utah. Véase de Patrick Mason, “The Prohibition of Interracial Marriage in Utah, 1888–1963”, Utah Historical Quarterly76, Nº 2 (primavera de 2008): págs. 108 – 131.
  6. Don E. Fehrenbacher, The Dred Scott CaseIts Significance in American Law and Politics, Nueva York: Oxford University Press, 1978, pág. 347.
  7. Plessy vs. Ferguson, 163 U.S. 537 (1896); Brown vs. Mesa Directiva de Educación, 347 U.S. 483 (1954).
  8. Discursos de Brigham Young ante la Asamblea Legislativa Territorial de Utah, el 23 de enero y el 5 de febrero de 1852; George D. Watt Papers, Biblioteca Histórica de la Iglesia, Salt Lake City, transcrito de versión taquigráfica por LaJean Purcell Carruth; “To the Saints”, Deseret News, 3 de abril de 1852, pág. 42.
  9. En la misma sesión de la Asamblea Legislativa Territorial en la que Brigham Young anunció la norma de la ordenación al sacerdocio, la legislatura territorial legalizó la “servidumbre” de los negros. Brigham Young y los legisladores consideraban que “servidumbre” era un término alternativo más humano que “esclavitud”. Christopher B. Rich Jr., “The True Policy for Utah: Servitude, Slavery, and ‘An Act in Relation to Service’”, Utah Historical Quarterly 80, Nº 1 (invierno de 2012), págs. 54 – 74.
  10. David M. Goldenberg, The Curse of HamRace and Slavery in Early Judaism, Christianity, and Islam, Princeton: Princeton University Press, 2003, págs. 178 – 182, 360n20; Colin Kidd, The Forging of RacesRace and Scripture in the Protestant Atlantic World, 1600–2000, Cambridge: Cambridge University Press, 2006.
  11. Stephen R. Haynes, Noah’s CurseThe Biblical Justification of American Slavery, Nueva York: Oxford University Press, 2002.
  12. Margaret Blair Young, “‘The Lord’s Blessing Was with Us’: Jane Elizabeth Manning James, 1822 – 1908”, citado por Richard E. Turley y Brittany A. Chapman, eds., en Women of Faith in the Latter Days, tomo II, 1821–1845, Salt Lake City: Deseret Book, 2012, págs. 120 – 135.
  13. El apóstol Joseph Fielding Smith, por ejemplo, escribió en 1907 que era “muy general” la creencia entre los mormones de que “la raza negra ha sido maldecida por haber adoptado una posición neutral en aquella gran contienda”. Sin embargo, admitió que esa creencia no era “la postura oficial de la Iglesia sino simplemente la opinión de los hombres”. Carta de Joseph Fielding Smith a Alfred M. Nelson, 31 de enero de 1907, Biblioteca Histórica de la Iglesia, Salt Lake City.
  14. Edward L. Kimball, “Spencer W. Kimball and the Revelation on Priesthood”, BYU Studies 47, Nº 2 (primavera de 2008), págs. 18-20; Marjorie Newton, Southern Cross Saints: The Mormons in Australia, Laie: Hawai: Instituto de estudios polinesios, Universidad Brigham Young-Hawai, 1991, págs. 209 – 210. Incluso antes de esa época, el presidente George Albert Smith había llegado a la conclusión de que la prohibición del sacerdocio no se aplicaba a los filipinos de raza negra. Kimball, “Spencer W. Kimball and the Revelation on the Priesthood”, págs. 18-19.
  15. Kimball, “Spencer W. Kimball and the Revelation on the Priesthood”, págs. 21-22.
  16. Mateo 28:19.
  17. Mosíah 15:281 Nefi 19:17.
  18. 2 Nefi 26:23, 28.
  19. Mark L. Grover, “Mormonism in Brazil: Religion and Dependency in Latin America”, (tesis de doctorado, Universidad de Indiana, 1985), págs. 276-278. Para obtener un relato personal de los acontecimientos en Brasil, véase de Helvecio Martins y Mark Grover, The Autobiography of Elder Helvecio Martins, Salt Lake City: Aspen Books, 1994, págs 64 – 68. Para las conversiones de los africanos, véase de E. Dale LeBaron, ed., “All Are Alike unto GodFascinating Conversion Stories of African Saints, Salt Lake City: Bookcraft, 1990; Pioneers in AfricaAn Inspiring Story of Those Who Paved the Way, Provo, Utah: Brigham Young University Broadcasting, 2003).
  20. Declaración Oficial—2.
  21. Gordon B. Hinckley, “Priesthood Restoration”, Ensign, octubre de 1988, pág. 70; disponible en inglés: ensign.lds.org. Las impresiones de otras personas que se encontraban en la sala se compilaron en el artículo de Kimball, “Spencer W. Kimball and the Revelation on Priesthood”, págs. 54 – 59.
  22. Bruce R. McConkie, “All Are Alike unto God”, Simposio de educadores religiosos del SEI, 18 de agosto de 1978; está disponible en inglés en: speeches.byu.edu.
  23. Gordon B. Hinckley, “La necesidad de más bondad”, Liahona, mayo de 2006, págs. 58–61.
  24. Hechos 10:34.
  25. 2 Nefi 26:33.

Mormones. Tolerancia Religiosa. Salt Lake City


Una de las curiosidades que quedaban en mi mente después de varias veces de haber visitado Salt Lake City, era la gran proximidad de la Catedral Católica de la Madeleine a la Manzana del Templo, apenas tres manzanas, o cuadras,  separan el Templo de la Catedral.

Cuando el año pasado estuve una temporada viviendo allí, me propuse intentar averiguar lo que, para mi, era un claro ejemplo de tolerancia religiosa, ya que, normalmente una Iglesia dominante en una zona o región, suele imponer su autoridad sin ceder un ápice de tolerancia hacia cualquier rival, cosa que a través de la Historia hemos podido tristemente comprobar.

Basta recordar a los cátaros en Francia o a Miguel Servet en Ginebra, como un pequeño ejemplo, entre cientos,  para darnos cuenta que la tolerancia hacia otras ideas o pensamientos ha sido muy escasa, especialmente cuando una religión ha gozado de poder completo sobre una sociedad.

Hoy dia, afortunadamente, y gracias al laicismo hay una separación entre Religión y Estado en la mayoría de países, que evita que una religión sea favorecida en detrimento de otras, limitando así la libertad de conciencia, y aunque muchas religiones tienen a gala presumir de su tolerancia actual, la Historia nos demuestra que no lo fueron cuando poseían el poder absoluto.

Es por ello que, ver a la Catedral Católica tan cerca de la Manzana del Templo, y luego descubrir que al lado mismo se halla la Catedral Episcopal y la Catedral Presbiteriana, me causó una enorme impresión y me llevó a averiguar algo de la historia.

Como todos saben, los santos de los últimos días llegaron al valle del Lago Salado en 1847, cuando era un lugar yermo y deshabitado, fundando la ciudad de Salt Lake City del desierto frío y árido. Lo primero que se hizo es marcar el lugar donde se edificaría el Templo y a partir de allí, se diseñó toda la ciudad en cuadrículas, por lo que, como imaginé, las más próximas al Templo, fueron prontamente ocupadas, lo que, sin ninguna mala pretensión, alejaría del Centro a cualquier otra Iglesia, puesto que nadie excepto los santos, vivian allí en aquella época.

Por lo tanto, averiguando que dichas Iglesias se edificaron a principios del siglo XX, más de cincuenta años después de la colonización inicial, llamaron más aún mi atención, y de ahí mi investigación al respecto y esto es lo que he podido averiguar, no todo por mi escaso inglés y falta de recursos, pero creo que lo suficiente para demostrar un claro ejemplo de tolerancia y respeto religioso de la Iglesia hacia las otras denominaciones.

Afortunadamente conseguí un folleto informativo sobre la calle South Temple, que es donde están situados estos edificios religiosos y me aportó muchos datos que ahora quiero compartir.

Pero veamos ahora la proximidad de estos edificios al Centro de la ciudad.

Aquí la hermosa imagen de la Catedral de la Madeleine, en 331 E. South Temple.





Ahora fijense en esta imagen, tomada sobre la misma calle, desde las antiguas oficinas de la Iglesia, con las casas de la Colmena y del Leon y la Eagle Gate, sobre la State, la arteria principal, eje norte sur, sobre la Manzana del Templo y ya pueden observar, al fondo a la derecha la imagen de la torre de la Catedral, incluso a simple vista se observa mucho mejor que en las fotos que tomé.



En la imagen anterior estoy ya situado en la esquina de la Manzana con la State y sobre la South Temple, donde es claramente visible la Torre de la Catedral, justo bajo el arco del semáforo.





Lo que aprendí del folleto fue aún mas impresionante, puesto que no solo estaban a pocos metros del Centro, sino sobre la arteria vial mas importante de la historia de la ciudad. La citada South Temple, o calle sur del Templo, se extiende desde el Centro hacia el Este, y sobre ésta, se edificó la casa de Brigham Young en la propia Manzana del Templo. Desde ahí se iniciaba la calle comenzando una ruta hacia las montañas y cañones que daban acceso directo al valle. 

Nos cuenta el folleto que igual que Brigham Young, los primeros ocupantes de las parcelas de la calle, fueron algunos Apóstoles y personas prominentes de la Iglesia y que esta calle se convirtió en la arteria principal de la ciudad. llegando a decir el profeta que esta calle sería la más bella calle residencial de la ciudad.

A partir de la decada de 1860 y con la explotación minera de grandes compañías del Este, se establecieron personas de alto nivel adquisitivo que fueron comprando las parcelas y edificando grandes y hermosas mansiones, llegando a construir sobre 40 hermosas mansiones desde esa época hasta principios del siglo XX, decayendo como zona residencial a mediados de siglo y convirtiendose en la zona comercial por excelencia de la ciudad, lo que causó que se demolieran la mayoría de las mansiones, quedando actualmente solo diez de ellas.

Aqui pueden ver la Primera Iglesia Presbiteriana, en la siguiente manzana, esquina a la calle C.





Y un poco mas abajo, en la calle 100 South, esquina 200 E. encontramos la Iglesia Episcopal, en pleno centro y muy cercana a la Manzana del Templo.




Todo ello me hace considerar lo siguiente, si la Iglesia con todo el poder político de la época, hubiera querido ser intolerante con  cualquier otra religión, le hubiese resultado tremendamente fácil, puesto que las parcelas estaban ocupadas y se podría haber puesto cualquier excusa para alejarlas del centro.

Más aún, sabiendo desde los inicios que esta calle y sus alrededores iban a ser el centro vital y hermoso de la ciudad, se podría haber guardado celosa y egoístamente para la Iglesia o sus miembros, los mejores lotes y parcelas,

Y suponiendo, aún más que dichas parcelas se comenzaron a vender a gente rica venida de otras tierras, se podría haber especulado y reservado para fines lucrativos.

Repito que solo estoy suponiendo, a tenor de la Historia y de la situación, pero viendo todo lo dicho, creo que la Iglesia fue generosa en reservar o facilitar o permitir, expresenlo como deseen, algunos de los mejores lotes parcelarios de la ciudad para la construcción de sus hermosos centros de adoración de otras Iglesias, demostrando, a mi parecer, una gran tolerancia religiosa y un gran respeto hacia la creencia de otros, tal como la Iglesia siempre nos ha enseñado, a valorar y respetar la fe de cualquier otra persona y sus derechos de adoración.

Les dejo con el folleto original, con fotos, planos e historia de los edificios de la calle South Temple.
















Acabaré recordando que nuestro legado como santos de los últimos días es hermoso, a pesar de nuestras imperfecciones, la Historia nos muestra la bella herencia de tolerancia religiosa real y viviente de nuestros pioneros.







Mormones y milagros



Todo el mundo sabe que Jesucristo hacía milagros, en la Biblia tenemos una amplia relación de muchos de ellos, desde sanar un enfermo, a calmar una tempestad, desde echar fuera demonios a levantar a una persona de la muerte.

Y aunque esa demostración de poder no quedaba limitada al Hijo de Dios, sino que ya en la antigüedad, profetas habían realizado milagros y posteriormente, muchos discípulos de Jesús también los realizaron, hoy en día hay dos corrientes doctrinales al respecto.

La primera es que hoy en día no existen milagros, ya que éstos acabaron con la desaparición de los Apóstoles de Jesucristo.

La segunda es que hoy día si se hacen milagros y se organiza todo un espectáculo para llamar la atención sobre ellos, intentando demostrar que el hecho de realizarlos, es manifestación de que se tiene el poder de Dios, por desgracia la inmensa mayoría solo parece un circo o un teatro.

Sin embargo hay una tercera opción y ésta es la de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, que manifiesta tener el poder de Dios por medio del Sacerdocio y el poder de realizar milagros, igual que lo hizo Jesús y sus Apóstoles, pero se hace de forma sagrada y confidencial, es decir, los milagros se realizan hoy en día pero no se les da publicidad ni se presume de ellos, se hacen por la fe de las personas, por el poder del Sacerdocio y para la gloria de Dios, no del mundo.

Es por ello que cuesta mucho encontrar algún relato de un milagro en la Iglesia, porque suele guardarse como sagrado y pocas veces trasciende mas allá de las personas involucradas, pero para la gloria de Dios y como testimonio de su Iglesia, voy a intentar poner en sucesivos artículos aquellos que vaya encontrando, comenzando por uno realizado en Nauvoo en 1839 y que forma parte de la historia de la Iglesia.

Veamos algunas características de los milagros en la Biblia y comprobemos cual es su naturaleza exacta, para distinguir la realidad frente al espectáculo y su existencia frente a la negación.

Al final de los Evangelios vemos la comisión de Jesucristo a sus discípulos y su promesa.

Marcos 16


15 Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.
 16 El que crea y sea bautizado será salvo; pero el que no crea será condenado.
 17 Y estas señales seguirán a los que creyeren: En mi nombre echarán fuera demonios, hablarán nuevas lenguas;
 18 tomarán serpientes en las manos y, si bebieren cosa mortífera, no les dañará; sobre los enfermos impondrán sus manos, y sanarán.


Vemos como Cristo mandó hacer milagros a sus discípulos, veamos algunos de los que El mismo hizo y si analizamos muchos de ellos podemos ver algunas características, 

Jesús buscaba al necesitado y se compadecía de sus dolores, buscaba y aceptaba la fe de los mismos, aunque fuese poca, procuraba hacerlo confidencialmente y sin presumir por ello, aunque a veces lo realizaba ante quienes negaban su poder y misión, para dar testimonio de su divinidad, pero a pesar de todo ello, muchas veces su fama le precedía y las multitudes buscaban su poder sanador.

Veamos uno de los muchos ejemplos, con la hija de Jairo, que tras morir, la devuelve a la vida y para ello, pide la fe de sus padres y solo deja estar presente a tres Apóstoles y a sus padres y termina diciendo que no cuenten nada.


Lucas 8


 50 Y oyéndolo Jesús, le respondió: No temas; cree solamente, y ella será sanada.
 51 Y entrando en la casa, no dejó entrar a nadie consigo, sino a Pedro, y a Jacobo, y a Juan, y al padre y a la madre de la niña.
 52 Y lloraban todos y se lamentaban. Y él dijo: No lloréis; no está muerta, sino que duerme.
 53 Y hacían burla de él, sabiendo que estaba muerta.
 54 Pero él, tomándola de la mano, clamó, diciendo: ¡Muchacha, levántate!
 55 Entonces su espíritu volvió, y se levantó inmediatamente; y él mandó que le diesen de comer.
 56 Y sus padres estaban atónitos; pero Jesús les mandó que a nadie dijesen lo que había sucedido.


Ahora veamos que un componente básico, además de la fe, es el poder del Sacerdocio, es decir, la autoridad de Dios para efectuar estos milagros


Lucas 9


 Y reuniendo a sus doce discípulos, les dio poder y autoridad sobre todos los demonios y para sanar enfermedades.
 Y los envió a predicar el reino de Dios y a sanar a los enfermos.
Incluso a otros Setenta dio el mismo poder.
Lucas 10
17 Y volvieron los setenta con gozo, diciendo: Señor, ¡aun los demonios se nos sujetan en tu nombre!



Después de todo lo dicho anteriormente, vemos que hay un modelo o patrón de actuación de Dios para con la realización de milagros.

Principalmente hay dos factores imprescindibles, la fe de las personas y el poder del Sacerdocio, sin éstos, dificilmente pueden verse los milagros. No obstante, dada la misericordia de Dios, cuando no se tiene el Sacerdocio pero se tiene fe, se pueden realizar milagros porque Dios es todo amor y no limita su bondad y poder, por lo que en épocas y lugares sin el Sacerdocio, pero con fe genuina se pueden ver milagros, pero en la forma expuesta, porque si no es así, puede ser un fraude o puede ser una manifestación de poder diferente, tal como sucedió con los magos de Egipto (Ver Éxodo 7 y 8)

Aún quiero añadir un factor más..... la voluntad de Dios, a veces no basta con tener fe y tener el poder, uno debe saber, según la magnitud del milagro solicitado, si está de acuerdo con la voluntad de Dios, y para ello solo mencionaré un ejemplo de los muchos que hay en las Escrituras.

Juan 11

41 Entonces quitaron la piedra de donde el muerto había sido puesto. Y Jesús, alzando los ojos a lo alto, dijo: Padregracias te doy porque me has oído.



Aquí está Cristo, frente a la tumba de Lázaro, quizás con el mayor milagro de su vida, sabiendo que lleva cuatro días muerto y sabiendo que ese milagro determinará su propia muerte, y antes de levantarlo de la tumba, pronuncia estas palabras, sabiendo que lo que iba a hacer, se lo había pedido al Padre y éste le había dado permiso para realizarlo.




Finalmente, solo quiero dar mi propio testimonio, testimonio que pueden comprobar con cualquier santo de los últimos días que tendrá muchas experiencias similares en haber sanado o haber sido sanado por el poder de Dios que tenemos hoy día en la Iglesia.

Yo he dado muchas bendiciones de salud, y he podido sentir el poder del Sacerdocio de Dios y he podido ver como las personas eran sanadas, de muchas formas y maneras, pero todas ellas milagrosas, incluso las que no requerían la fe del que la recibía, como la restauración inmediata de la salud de un bebé que ni siquiera era consciente de que estaba enfermo, pero que sanó de inmediato al ser bendecido por el poder del Sacerdocio y la fe de sus padres.

Les dejo pues, con la maravillosa historia del milagro de Nauvoo y les prometo buscar mas en el futuro.








Después de un corto período de refugio en Quincy, Illinois, en los primeros meses de 1839, los santos empezaron a trasladarse a Commerce, a unos 80 kilómetros hacia el norte, en el mismo estado. Luego de haber escapado de su encarcelamiento en Misuri, el Profeta había comenzado a comprar terrenos en Commerce y sus alrededores como lugares de recogimiento para los miles de santos que habían huido de Misuri y que ahora necesitaban un lugar donde rehacer su vida. En julio de 1839 ya había allí cientos de santos acampando en tiendas y carromatos sobre la orilla este del río Misisipí, mientras que otros habían encontrado refugio en barracas militares abandonadas, que estaban al otro lado del río, en Montrose, estado de Iowa. En su nuevo lugar, trabajaron para limpiar y drenar los terrenos pantanosos cercanos al río. Muchos recibieron picaduras de mosquitos y cayeron gravemente enfermos de malaria y otras dolencias. Algunos murieron y hubo muchos que estuvieron al borde de la muerte. José y Emma Smith acogieron a tantas personas en su cabaña de troncos que el Profeta renunció a su cama para dormir en una tienda de campaña.
El 22 de julio, en medio de la enfermedad que afligía a tantas personas, los santos fueron testigos de lo que el presidente Wilford Woodruff llamó después “un día del poder de Dios” 1 . Esa mañana, después de levantarse, el Profeta invocó al Señor en oración y, lleno del Espíritu del Señor, bendijo a los enfermos que estaban en su casa, en el patio alrededor de ésta y a lo largo del río. Cruzó el río y visitó a Brigham Young en su casa de Montrose para darle una bendición de salud. A continuación, en compañía de Sidney Rigdon, Brigham Young y otros integrantes de los Doce, continuó su misión misericordiosa entre otros santos de Iowa. El entonces élder Woodruff escribió sus recuerdos de las bendiciones de salud más memorables de aquel día:
“Cruzamos la plaza pública y entramos en casa del hermano [Elijah] Fordham. Hacía una hora que el hermano Fordham estaba agonizante y esperábamos que en cualquier momento exhalara su último suspiro. Sentí que el Profeta estaba lleno del poder de Dios. Cuando entramos en la casa, el hermano José se acercó al moribundo y lo tomó de la mano derecha… Vio que los ojos del hermano Fordham estaban vidriosos; no hablaba y estaba inconsciente.
“Después de tomarle la mano, [el Profeta] lo miró fijamente y le dijo: ‘Hermano Fordham, me reconoce, ¿no es así?’ Al principio, no hubo respuesta, pero todos pudimos ver el efecto del Espíritu de Dios sobre él.
“[José] volvió a decirle: ‘Elijah, ¿me reconoce?’. Con un murmullo casi imperceptible, el hermano Fordham contestó: ‘¡Sí!’. Entonces el Profeta le dijo: ‘¿Tiene fe en que puede ser sanado?’.
“La respuesta, más clara que la anterior, fue: ‘Me temo que sea demasiado tarde. Si hubiera venido antes, creo que habría podido ser’. Tenía el aspecto de un hombre que despierta de un sueño; era el sueño de la muerte. José le dijo entonces: ‘¿Cree usted que Jesús es el Cristo?’. ‘Sí, creo, hermano José’, contestó él.
“Entonces, el Profeta de Dios habló con voz potente, como con la majestad de la Trinidad: ‘Elijah, ¡en el nombre de Jesús de Nazaret te mando que te levantes y sanes!’.
“Las palabras del Profeta no fueron como las de un hombre, sino como la voz de Dios; me pareció que la casa se sacudía desde sus cimientos. Elijah Fordham se levantó de la cama de un brinco como un hombre se levanta de los muertos. Su rostro cobró un color saludable y toda su persona emanaba vida. Tenía los pies cubiertos de cataplasmas… cuyo contenido se desparramó al sacudírselas de encima; después pidió que le llevaran la ropa y se vistió; pidió un tazón de pan y leche, y comió; luego se puso el sombrero y salió con nosotros a la calle, a visitar a otros enfermos” 2 .

2. Wilford Woodruff, “Leaves from Journal”, Millennial Star, 17 de octubre de 1881, pág. 670; uso de mayúsculas actualizado; alteración en la división de párrafos.